Indigna y con razón, ver cómo se sigue rescatando bancos con dinero
de los contribuyentes, cuando en el
origen de esta crisis está un modelo económico ultraliberal, sustentado por el
enorme poder del sistema financiero.
Y una propuesta que aún no ha calado entre la ciudadanía que sufre las
consecuencias de las prácticas financieras, es la de luchar contra el opresor
atacando donde más le duele, y que no es otra cosa que la salida voluntaria del
sistema. Hay que dejar de seguirles el
juego, a los bancos y a los partidos políticos que durante décadas han
gobernado defendiendo los intereses propios y de una minoría.
Pero para ello, todo el mundo debería entender que los beneficios del sector financiero nacen de la
creación de deudas (créditos) y no de la creación de valor en la esfera
productiva o economía real. Por tanto, son ficticios, resultado de trucos
contables, así como lo son los capitales invertidos en estos sectores. Y esto
se demuestra con las constantes crisis financieras que se vienen produciendo
desde principios del siglo XX, y de la que el sector financiero, rescatado con
dinero público, siempre sale victorioso, no tanto los ciudadanos.
La crisis
actual es mucho mayor y más peligrosa que las anteriores, porque nunca como
ahora se produce una migración vergonzosa del Capital hacia los sectores
financieros, abandonando a su suerte a una economía real en la que no se
invierte o se hace cada vez menos. Mientras
la economía productiva es estrangulada por carecer de inversiones, el exceso de
liquidez caracteriza la esfera financiera, donde ingentes cantidades de dinero se derivan a la especulación
pura y dura, lo que da lugar a la subida de precios de títulos y acciones. Y
más suben de precio estos títulos, más capital es atraído, los beneficios
aumentan y caminamos así hacia una inevitable burbuja financiera, de
dimensiones mundiales, y de consecuencias devastadoras. El inicio de la crisis en 2007 nos va a
parecer una insignificancia al lado de lo que nos espera vivir.
Mientras buena
parte de las empresas se hunde en la miseria, mayor es la plusvalía en el mundo de las finanzas. Nunca tan pocos le
robaron tanto a la mayoría. Las empresas deudoras más débiles están yendo a la
quiebra, no generan beneficios, no crean puestos de trabajo. Mientras tanto,
las grandes empresas y el gran capital, que han invertido en actividades
financieras, se hacen más poderosas mientras el mundo financiero seca el
crédito a las empresas en las que no confía. Una espiral destructiva se pone en marcha con toda
su virulencia y destruye a los capitalistas más débiles, mientras que los fuertes
sacan provecho: se rebajan los salarios, se incrementa la explotación de los
trabajadores, y se aprovechan acaparando los medios de producción que han
dejado los capitalistas quebrados.
Y cuando
el sector productivo arranque otra vez se volverán a repetir las mismas
políticas económicas que llevarán a la sociedad a nuevas crisis. Hemos repetido
la crisis del 29, con sus nefastas consecuencias durante décadas, incluida una
devastadora guerra mundial. Y volveremos a repetir la depresión actual en el
futuro si los ciudadanos no le ponen freno a este estado de cosas.
Pero para
eso, la población debe estar formada y preparada. Y es por esto que en países
como el nuestro se pretenda preparar a la gente en la empleabilidad y no en la
formación de unos ciudadanos inteligentes, cultos y críticos, dueños de su
destino y combativos, capaces de defender sus intereses. Mientras tanto,
seguiremos viendo cómo la ciudadanía elige “democráticamente” a unos
representantes que no solo no les representa, sino que encima juegan en contra
de sus intereses. ¿Es que nadie se entera de esto?
Reconozcamos
que los ataques al euro son una apuesta especulativa del sector financiero. Desde
que los Estados empezaron a inyectar liquidez en los bancos, el dinero ha sido
empleado en actividades especulativas. Estas inyecciones de dinero no han
servido para solucionar la crisis, sino que ha tenido el efecto devastador del
endeudamiento de los Estados, empujados por el poder a salvar el sistema
bancario. Dejémonos, pues, de chuminadas, no es el gasto excesivo del Estado en
servicios sociales lo que ha generado la gigantesca deuda y el déficit
excesivo. Han sido los rescates a los bancos, y punto. Y mientras los Estados
se endeudan para rescatarles, los especuladores prestan dinero a unos intereses
desorbitados. La banca gana, la ciudadanía se empobrece.
Y en este
contexto, el euro, que se gestó al amparo de los intereses de Alemania, está
siendo un instrumento fiel al servicio de los especuladores. Como los países
periféricos de Europa nos hemos quedado sin moneda propia, y, por lo tanto, sin
política monetaria, nos vemos obligados a incrementar las tasas de
productividad y la competitividad a
expensas de la explotación de los trabajadores. A España no le queda más
remedio que recurrir a préstamos en los mercados financieros para rescatar su
sistema bancario y para aumentar su competitividad, salvo que se plantee de una
vez por todas y con valentía, la salida del euro.
Como está
claro que salir del euro da vértigo y nadie se lo plantea, nos vemos abocados a
años de indignación y pobreza, a situaciones como la de Grecia, con un Estado
insolvente y emitiendo bonos de deuda con intereses cada vez más elevados. Y en
un contexto así, que no me digan a mí que se va a salir de la crisis, porque no
me lo creo. Los países periféricos, en franca depresión económica, seguirán
inevitablemente en esa situación.
Y es que
esta crisis va para largo. Nadie se cree ya que la recuperación comience en
2014, ni en 2015. Antes habrá un inevitable estallido social. Soy optimista. No
me cabe duda de ello.