Sí que hay
una solución a la crisis, es la salida de España del euro. El que no lo ve es
que tiene miedo, y con razón.
El euro es
un proyecto que ha permitido que el 1 % de la población privilegiada, que tiene
el poder económico, dirija como marionetas a la clase política gobernante en
Europa para ponerla al servicio de sus intereses, a costa del empobrecimiento y
el sufrimiento de los trabajadores. Todos los esfuerzos de rescate en Europa se
han dirigido a salvar este euro infame.
Estalló una
crisis financiera en 2008, de la que el sistema financiero se ha recuperado a
costa de la generosidad de los contribuyentes. Hay una crisis en España
derivada del estallido de una burbuja inmobiliaria, que se gestó con la
bajada de tipos de interés por la que el BCE optó para ayudar a Alemania a
superar su crisis económica. Y hay una crisis del euro. España está atrapada en
estas tres tormentas perfectas.
Hay quien
dice que el euro fue mal diseñado desde el principio. Y yo creo que fue
diseñado de una forma intencionada para satisfacer las aspiraciones de una
ideología neoliberal que ha tenido como resultado que el 1 % de la población
tenga lo que el 99 % necesita, como dice Stiglitz. La ausencia de un mecanismo
de solidaridad que redistribuya la renta desde las zonas en las que se genera y
acumula, hacia las que se encuentran en recesión, ha concluido con un
incremento de las desigualdades que amenazan con hacer saltar todo el edificio
por los aires.
Los
perdedores son los trabajadores de la Unión Europea, las clases medias y las
clases populares. Pero los poderosos se han enriquecido con el euro: Alemania
es el único país que se ha beneficiado de la moneda única; el sistema
financiero europeo es constantemente rescatado por los contribuyentes, en una
política criminal del BCE, que utiliza mecanismos como los repos, para inyectar
liquidez en los bancos; los bancos acreedores son rescatados de los posibles
impagos, a base de unos obscenos rescates acompañados de unos memorándums que
condenan a países enteros a la depresión y la pobreza, sin que en el horizonte
se atisbe el más mínimo rayo de esperanza. Y ahora, se aprueba un Mecanismo de
Estabilización que asegurará el rescate financiero permanente, a costa de la sangría
de los ciudadanos europeos; mecanismo que el Banco de inversiones americano,
Goldman Sachs, intentó colar en el Congreso de EEUU sin éxito, y que hoy, con
un hombre de Goldman al frente del BCE, es aprobado en toda Europa.
Cambiar las
cosas para que España y los países en crisis puedan superar esta difícil etapa
que parece sin fin, sólo es posible con un cambio radical de las posturas que
ha adoptado hasta ahora Alemania. Y para ello, los alemanes, -los conservadores
y los no tanto-, deberían cambiar su ideología. ¡Seamos sensatos! ¿Esto va a
pasar? ¿Es que no nos acordamos de a qué nos tienen acostumbrados los alemanes?
Si Alemania mantiene en su propio país unos procesos de ajuste y de moderación
salarial, de la que sus trabajadores ni pían (no lo hicieron cuando vieron
arrasar al nazismo), ¿quién puede esperar que los poderosos, una vez más, no
impongan sus políticas a los más débiles? Si ha sido así toda la vida!
Hay quien
dice que Alemania tiene derechos sobre nosotros, porque son ellos los que han
puesto el dinero. Pensemos un poquito, ¿es que Alemania ha puesto dinero de
forma generosa y altruista? ¿A que no?. Alemania ha salido ganando porque ha
sustituido su superávit comercial por deuda externa. Es decir, ha vendido a los países de la periferia para
que compraran su excedente comercial, puesto que se trata de un país con una
demanda interna insuficiente. Con una demanda interna tan baja, -debido a las
rebajas salariales de sus trabajadores-, Alemania tiene la obligación de
exportar, entre otros, a los países de la periferia europea. Estos últimos se
han visto obligados a importar y aumentar el consumo a base de demandar recursos
financieros, debido a la falta de ahorro de sus economías. Ha sido Alemania la
que ha aportado estos recursos financieros que han fomentado el endeudamiento
de los países periféricos. Alemania se ha beneficiado de nuestra deuda.
La deuda en
España, es mayoritariamente privada. La mitad de esta deuda la ostentan más de
20 de las 35 empresas, no financieras, del Ibex-35. Si añadimos la de los
bancos, que ha sido parcialmente socializada con los rescates a entidades
financieras, lo que tenemos es un gravísimo problema de deuda que tiene parte
de su origen en las políticas económicas de Alemania y al diseño del euro.
La
austeridad deprime el consumo, la inversión y el gasto público. ¿Qué hace el
gobierno español? Pues intentar incrementar nuestras exportaciones. Para ello
es necesaria una reforma laboral salvaje, que reduce los costes laborales, pero
que condena aún más la demanda interna. Pero, por más que se rebajen los costes
salariales en nuestro país, ¿cómo vamos a incrementar las exportaciones en una
economía global en recesión?
Con ajustes
duros en los PIGIS (Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España) y con ajustes
moderados en Francia, Bélgica y Holanda, ¿en qué se va a quedar la demanda
externa de estos países? Pues el gobierno de Rajoy ha presentado unos
presupuestos para 2013, en donde se prevé un incremento del 6 % de nuestras
exportaciones. Esta previsión ha generado auténtica hilaridad entre los
expertos económicos.
El proyecto
del euro, con Alemania dentro, es totalmente inviable, porque se imponen
políticas de ajuste que llevan a reducir los rendimientos del sector
industrial. La productividad de los países periféricos se desploma, con lo que
las diferencias en la competitividad entre economías de la zona euro se
acrecientan.
Pero es
curioso que las élites europeas sigan sin entender por qué se está desmoronando
el edificio. Las medidas que se están tomando para salvar el euro (no para
salvar a ciudadanos europeos, ni mucho menos) así lo indican. Y es que los
poderosos no están dispuestos a abandonar su sueño, que no es otro que el de
incrementar sus beneficios aunque para ello no baste sólo con explotar a la
mayoría trabajadora, sino que si es necesario hay que robarles, simplemente. Y
en este contexto, no es de extrañar que todo el mundo, ricos y pobres, empiecen
a pensar que estaríamos mejor fuera del euro. Los alemanes están convencidos de
que el bienestar se lo debemos a ellos (los que financiaron la burbuja), y
nosotros pensamos que no somos los responsables, que la deuda es odiosa, y que
las políticas de austeridad acabarán con las conquistas sociales que tanto
esfuerzo, cárcel, exilio y muerte han costado a los trabajadores.
La moneda
única fue el sueño alemán que le permitió canalizar su superávit en la balanza
por cuenta corriente, hacia los países periféricos. Por tanto, ¿permitirá
Alemania que los países más débiles aumenten sus exportaciones hacia el centro
de Europa? Para ello los alemanes tendrían que empezar a consumir más de lo que
ahorran ¿??? Alemania tiene aversión a la inflación, terror al incremento de
los costes laborales, y fobia al aumento salarial de sus trabajadores. Tanto los
conservadores como los socialdemócratas, y unos u otros gobiernan, gobernaron o
gobernarán el país.
Por tanto,
el euro colapsará, es inevitable. Y los esfuerzos realizados hasta ahora lo
único que hacen es retrasar este momento. Y cuanto más se dilate en el tiempo,
mayor será la destrucción del tejido productivo de España, y mayor el número
de conquistas sociales que se perderán y
no tendrán vuelta atrás.
España no
puede conseguir el superávit comercial ni el superávit fiscal que le permita
hacer frente a su deuda. España es insolvente. Tarde o temprano se tendrá que
plantear,- por mucho que De Guindos diga lo contrario-, que este país no puede
pagar la deuda. Y este es el planteamiento que debería hacerse la izquierda,
puesto que la derecha ya vemos en qué se está empleando a fondo. En el momento en que España se declarara en quiebra, las dudas sobre la deuda de
otros países se dispararía y el euro desaparecería porque los inversores
dejarían de financiar deuda soberana de países europeos.
Y para salir
del euro de la forma menos traumática posible hay que prepararse para ello, y no enterrar la cabeza bajo tierra
como hace el gobierno actual y como hizo el gobierno anterior, que por más que
se lo dijeron, no tuvo el arrojo de mirar de frente al problema económico que
se avecinaba con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Ni los socialistas
reconocieron la crisis y la burbuja, ni los populares entienden que sus
políticas no van ni a crear empleo ni a
sacarnos de la crisis, como afirman tan rotundamente. ¡Y ojo en manos de quien
está la solución: del presidente más impopular de todos los tiempos, de De
Guindos que negó la existencia de un boom inmobiliario, y de Montoro que dijo
que la burbuja no era otra cosa que la obsesión de la oposición que no tenía ni
idea de economía! Los mismos que consiguieron que el sistema no funcionase, son
los que van a reconstruirlo y hacer que funcione….¡ja!
No es de
extrañar por tanto que la gente se eche a la calle todos los días en este país.
Unas son manifestaciones pequeñas pero incisivas, y otras más multitudinarias, aunque
no se lo parezcan a los responsables del partido popular y sus gobernantes.
Quiero recordarle a nuestro iletrado Presidente de gobierno, que está comprobado que mientras que en el
movimiento Occupy Wall Street sólo se
manifiestan unos pocos miles de personas, mayoritariamente jóvenes, las 2/3
partes de la población estadounidense apoya dichas protestas. Es más, a pesar
de las cargas policiales que tuvieron lugar en Nueva York para desalojar a los
manifestantes, se hizo una encuesta entre la policía que arrojó el resultado de
que también ellos apoyaban mayoritariamente el movimiento.
Cuando una
multitud inicia una protesta y rodea el Congreso, lo hace porque está más que
harta y no confía en sus representantes legítimos y salidos de las urnas. Y es
más que legítimo que cuando unos representantes son elegidos y no cumplen las
promesas que hicieron a los votantes, la población se indigne y les pida
responsabilidades, e incluso la dimisión de sus cargos. Y esto es lo que está
haciendo la ciudadanía, que ha dado muestras hasta ahora de ser la única que da muestras de madurez y responsabilidad en este asunto.
Todos aquellos diputados y diputadas, todos
aquellos gobernantes, y todos aquellos políticos que se enojan y vociferan que
acercarse siquiera al Congreso es un delito que no debería consentirse, son los
irresponsables que realizan promesas que no van a cumplir en las campañas
electorales, con el único fin de hacerse con el poder para seguir beneficiando
a un sector minoritario y privilegiado de
la población a costa de la mayoría responsable que es la que está sufriendo las
consecuencias de los ajustes.
¿Y por qué
no sale todo el mundo a protestar? ¿Por qué nos cuesta tanto tiempo indignarnos
hasta el punto de lanzarnos a las calles a dar la cara y exigir
responsabilidades? Pues porque en esta democracia, que al pueblo español le
costó tanto conseguir, todavía seguimos creyendo en las instituciones y en el
sistema. Pero, con las actuaciones de los políticos que usurpan de forma
descarada las instituciones para beneficiarse ellos y sus allegados, no es de
extrañar que cada vez más gente se dé cuenta de que la democracia ha sido
secuestrada por una minoría que, esa sí, es muy beligerante y que se aferrará
al poder y a sus privilegios como cualquier parásito a su hospedador.
Es sólo
cuestión de tiempo que toda la ciudadanía se manifieste, exija cambios en la
Constitución, en el sistema electoral, en el sistema financiero, en sus
relaciones con Europa, y en el sistema democrático. Y a mí no me cabe ninguna
duda de que el movimiento ciudadano triunfará y que el pueblo, al que hoy se le está
tratando como si fuera idiota, dará la vuelta a la tortilla completamente y se
hará de nuevo portador y depositario de la soberanía y sus instituciones.
La
democracia real volverá a la gente. La
transferencia sin tapujos de riqueza desde las rentas más bajas a las más altas
acabará. Y aunque todos pagarán las consecuencias, somos nosotros, las clases
medias y populares las que más tenemos que ganar y menos que perder.
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