martes, 26 de febrero de 2013

El PP es un partido corrupto y lo seguirá siendo siempre


Que el Popular es un Partido corrupto que ha recibido cuantiosas donaciones por parte de grandes corporaciones del país, para que aplique las políticas que sólo a ellos les beneficia, es algo que no debería extrañarnos. Lo raro es que lo haga.

La derecha necesita de una financiación tan desmesurada para convencer a los ciudadanos de que sus intereses coinciden con los de la ciudadanía, que es imposible que pueda afrontar campañas electorales costosísimas sin ese dinero extra de la financiación irregular.

Recordad que el caso Naseiro puso de manifiesto esa financiación oscura e ilegal, así como el enriquecimiento personal de los implicados. El caso estaba muy claro, pero una vez más la justicia obró en beneficio de los poderosos, y una triquiñuela legal impidió que se condenara a los acusados.

Pero la financiación ilegal existió, ha existido, existe y seguirá existiendo, por lo que digo, el PP necesita de todo el poder económico del mundo para convencer a la ciudadanía, mejor dicho, para engañarla. Y para eso tiene detrás poderosísimas fuerzas económicas y financieras.
Y es que los políticos de derechas trabajan de forma incansable para llevar a cabo políticas y normativas que favorezcan al sector más privilegiado de la sociedad, ese sector que se beneficia de subvenciones ocultas, de privilegios fiscales, de monopolios incalificables, y del rescate permanente a costa de los contribuyentes.

En definitiva, una política sustentada por la “búsqueda de rentas”, es decir, la que busca el enriquecimiento personal no a base de su contribución a los beneficios a la humanidad, sino a base de robarles a los de abajo parte de la riqueza, para su propio enriquecimiento criminal.

Porque la cosa es muy sencilla. Las grandes empresas, -esas que han estado representadas en nuestro país por personajes como Díaz Ferrán, Joan Rosell o Arturo Fernández-, destinan parte de sus inmensos beneficios (esos que consiguen, entre otras cosas, recortando salarios y despidiendo trabajadores) a donativos anónimos e ilegales a partidos como el PP, con el fin de obtener rendimientos tras las batallas electorales. Una vez en el gobierno, los responsables recompensan a estas empresas con adjudicaciones de dudosa legalidad, a cambio de un dinero que ni de lejos se corresponde con los precios reales de mercado a cambio de esos servicios. Con esto, las empresas no solo se benefician de la adjudicación, sino que además se llenan los bolsillos con dinero de los contribuyentes, para luego revertir parte de esos fondos hacia los partidos que les benefician en sus políticas.

Se trata, por tanto, de un robo en toda regla, que transfiere rentas desde abajo hacia arriba, hacia los más ricos. Añado aquí la transferencia de dinero sin precedentes, desde el bolsillo de los contribuyentes hacia los bancos, cuyas prácticas mafiosas contribuyeron, como ningún otro factor, a generar la inmensa crisis que hoy vivimos.

Es tal el descaro y la desvergüenza de los políticos que han gobernado en los últimos años, que no han dudado en justificar lo injustificable: que a los bancos no se les puede dejar caer. Mentira. Rescatando a los bancos, lo que se ha hecho es proteger los derechos y beneficios de los obligacionistas, muchas veces extranjeros, mientras que el resto de la población, es decir, la clase trabajadora, ha sufrido unas consecuencias devastadoras en forma de recortes en salarios y servicios que el Estado presta a sus ciudadanos. Cuando no hablar de los desahucios y la bochornosa tasa de paro, de la que sólo son responsables los gobernantes políticos y el poder económico que los sustenta, los cuales deberían de responder ante la sociedad por haber cometido auténticos crímenes contra la humanidad.

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