Los últimos escándalos
de corrupción han abierto los ojos a mucha gente, pero a muchas otras personas
la cosa no les ha sorprendido lo más mínimo. Que la política es terreno abonado
para la corrupción se sabe puesto que la clase gobernante no atiende nunca los intereses
de la ciudadanía que le otorga su confianza en las urnas, y desde las últimas
elecciones generales se tiene la certeza de que se realizan promesas
electorales con el único objetivo de llegar al poder, sin intención alguna de
cumplir con el electorado.
Y es que las
discrepancias entre lo que espera y quiere la mayoría de la gente y lo que concede
la clase política, son más que evidentes. Y una cosa que nos preguntamos muchos
es: ¿cómo es posible que el PP ganara las elecciones generales con mayoría
absoluta? ¿Quiénes votaron al PP? ¿Están ahora de acuerdo con sus políticas, así
como con la corruptela que empapa desde el más pringao del partido, hasta la cúpula
del poder?
Los que votamos en
las últimas elecciones, ya desencantados con la clase política, lo hicimos
porque hemos sido adoctrinados para ser buenos ciudadanos que cumplen con su
deber, y porque aún había confianza en que la situación diera un vuelco de 360º
hasta orientarla de nuevo en el buen camino, el del contrato social, ese que
otorga la confianza de la ciudadanía en su clase política y en su gobierno.
Pero el fracaso de
esta confianza es hoy un hecho incontestable. Los confiados, los ingenuos, nos
sentimos hoy liberados de la obligación ciudadana de ir a votar, puesto que no
nos fiamos de ningún político, de ninguna institución. Esta desconfianza va en
aumento y acabará de muy malas maneras. Se han socavado los cimientos de
nuestra democracia, y ésta se encuentra en peligro inminente.
Llevan años induciéndonos
a ir a las urnas, cuando en realidad han trabajado durante décadas para que el
sistema político en su conjunto preste un servicio de calidad a la clase
privilegiada. Ser político en este país ha supuesto alinearse con la clase
dirigente y poderosa para sacar tajada. Ser político en España nada tiene que
ver con la defensa del bien común.
Pero inducir a los
votantes a ir a votar es un proceso muy caro. Cada vez más caro, dada la
desilusión reinante entre la ciudadanía. De ahí que los partidos políticos
necesiten ingentes cantidades de dinero para financiar las campañas electorales. De ahí que
las grandes empresas, el sector financiero y las grandes fortunas, realicen
sustanciosas donaciones a los partidos, esté permitido o no. Si consigues sacar
una mayoría para gobernar, ya sea el Estado, ya sea una Comunidad Autónoma o un
Ayuntamiento, revertirá la inversión en forma de contratos sustanciosos con la Administración.
De esta manera, a los grandes empresarios de este país se les
paga con creces sus servicios, se les llena los bolsillos con el dinero de los
contribuyentes, que son los que en definitiva, acaban pagando a la putrefacta clase
empresarial de este país, y a los políticos y partidos a los que estos indignos
empresarios untan y bien para que defiendan sus intereses privados una vez en
el poder.
Por tanto, no sólo
hay una puerta giratoria por la que los políticos pasan de la administración al
ámbito privado sin que se les caiga la cara de vergüenza, sino que también el
dinero de nuestros paupérrimos bolsillos, emprende un viaje hacia Hacienda,
acaba en las carteras de las grandes empresas, toma sendero hacia partidos y políticos
corruptos, que a la postre, son los que se están enriqueciendo gracias a esta
genuina práctica de “búsqueda de rentas”.
Y una última
reflexión: ¿cómo es posible que estemos permitiendo que se subvencionen
partidos políticos con dinero público para que les paguen a sus dirigentes
sueldos de cerca de 200.000 euros al año?
No hay comentarios:
Publicar un comentario