Del endeudamiento excesivo de los
hogares y de las penurias que los ciudadanos estamos pasando, son responsables
los políticos que han gobernado este país en los últimos 20 años. No en vano,
la crisis no se gesta en dos días, sino que se ha venido incubando al calor de
unas políticas que han beneficiado al capital financiero, vampirizando las
rentas de los asalariados.
En los años de “España va bien”, se
creaba empleo en los sectores inmobiliario y turístico. Empleo siempre precario,
poco cualificado y de salarios bajos. A la vez, el sistema financiero
experimentaba un crecimiento sin precedentes, concediendo créditos a diestro y
siniestro sin preocuparse siquiera de si los préstamos iban a ser devueltos o
no. ¿Y por qué actuaron de forma tan irresponsable? Porque con esos préstamos
fabricaban títulos bursátiles con los que apostar en el casino financiero, en
el que obtenían beneficios escandalosos, al abrigo y cobijo de los paraísos
fiscales. Y esa titulización de los préstamos se la debemos a José María Aznar,
quien en 1998 aprueba la correspondiente norma que lo permite.
Gracias a las políticas del PP y del
PSOE los salarios se quedaban estancados mientras los activos financieros e
inmobiliarios crecían y crecían. No es de extrañar, por tanto, que el modelo
español de distribución de la renta sea uno de los más regresivos de Europa.
En un país europeo con cifras que le
acercan al borde del tercer mundo –al comenzar la crisis, el 60 % de los asalariados españoles tenían un
salario inferior a 18.500 euros anuales- se realizan reformas laborales que
precarizan aún más el empleo, abaratan el despido y deja en manos de los
empresarios la posibilidad de rebajar aún más los salarios. Y todo en un país
con un estancamiento literal de la inversión en la economía real, y una caída
en picado de la inversión en I+D+i. Y dicen expertos cualificados que los
países que hoy no invierten en investigación, desarrollo e innovación, serán
los países tercermundistas de la próxima década. O sea, nosotros.
Una crisis de proporciones bíblicas
ha estallado porque tenía que estallar. Estaba en la genética de las políticas
neoliberales. Y ahora, los ciudadanos nos preguntamos cada día “hasta cuando”,
conscientes de que esto no va a ser fácil de arreglar, sobre todo porque los
que nos gobiernan siguen insistiendo en las políticas profundamente
antisociales que desembocaron en esta crisis. O sea, que nos vamos dando cuenta
de nos espera cada vez más crisis.
¿Cuando se van a dar cuenta los
gobernantes de que el incremento continuo de la deuda es insostenible si no se
incrementan los ingresos de empresas y familias?. Como tampoco es sostenible
incrementar ingresos en las arcas públicas si las familias pierden sus ingresos
y las empresas tienen que cerrar.
Pero ¿qué han hecho Zapatero y Rajoy
desde que se inició la crisis? Muy fácil: se han dedicado a proteger al sector
financiero, es decir, a poner en práctica políticas destinadas a garantizar el cobro de las deudas
por parte de los acreedores, principalmente bancos alemanes y franceses. Y para
ello se han dirigido a los sufridos contribuyentes que hemos consentido que se
socializaran las pérdidas de las instituciones financieras.
Mientras que la población está
siendo atracada y estafada por la clase política dirigente, se conceden masivas
ayudas a los bancos para que paguen a sus acreedores exteriores. Y para
garantizar este proceso criminal Zapatero y Rajoy le imponen a los españoles
recortes en el gasto público y reformas laborales y sociales que nos van a
llevar a la edad de piedra.
Pero ni los recortes de salarios a
los funcionarios, ni la reforma laboral, ni la reforma del sistema de
pensiones, ni los recortes en Sanidad y Educación, ni las privatizaciones
salvajes, ni la disminución de prestaciones a dependientes y desempleados, van
a solucionar esta crisis. Porque lo que ponen de manifiesto estas medidas es
que el sector financiero, alimentado y mimado por la clase política desde siempre, se ha convertido en un monstruo insaciable que detenta hoy un poder
difícil de imaginar.
Por tanto, la crisis no la van a solucionar ellos. La
crisis sólo la puede arreglar la ciudadanía si de una vez por todas se dota del
arrojo necesario para provocar en España un cambio en este estado de cosas,
empezando por echar de sus poltronas a los políticos de los dos partidos
mayoritarios, PP y PSOE. Para empezar, el bipartidismo se tiene que acabar ya.