martes, 13 de noviembre de 2012

La crisis la tenemos que solucionar los ciudadanos


Del endeudamiento excesivo de los hogares y de las penurias que los ciudadanos estamos pasando, son responsables los políticos que han gobernado este país en los últimos 20 años. No en vano, la crisis no se gesta en dos días, sino que se ha venido incubando al calor de unas políticas que han beneficiado al capital financiero, vampirizando las rentas de los asalariados.

En los años de “España va bien”, se creaba empleo en los sectores inmobiliario y turístico. Empleo siempre precario, poco cualificado y de salarios bajos. A la vez, el sistema financiero experimentaba un crecimiento sin precedentes, concediendo créditos a diestro y siniestro sin preocuparse siquiera de si los préstamos iban a ser devueltos o no. ¿Y por qué actuaron de forma tan irresponsable? Porque con esos préstamos fabricaban títulos bursátiles con los que apostar en el casino financiero, en el que obtenían beneficios escandalosos, al abrigo y cobijo de los paraísos fiscales. Y esa titulización de los préstamos se la debemos a José María Aznar, quien en 1998 aprueba la correspondiente norma que lo permite.

Gracias a las políticas del PP y del PSOE los salarios se quedaban estancados mientras los activos financieros e inmobiliarios crecían y crecían. No es de extrañar, por tanto, que el modelo español de distribución de la renta sea uno de los más regresivos de Europa.

En un país europeo con cifras que le acercan al borde del tercer mundo –al comenzar la crisis,  el 60 % de los asalariados españoles tenían un salario inferior a 18.500 euros anuales- se realizan reformas laborales que precarizan aún más el empleo, abaratan el despido y deja en manos de los empresarios la posibilidad de rebajar aún más los salarios. Y todo en un país con un estancamiento literal de la inversión en la economía real, y una caída en picado de la inversión en I+D+i. Y dicen expertos cualificados que los países que hoy no invierten en investigación, desarrollo e innovación, serán los países tercermundistas de la próxima década. O sea, nosotros.

Una crisis de proporciones bíblicas ha estallado porque tenía que estallar. Estaba en la genética de las políticas neoliberales. Y ahora, los ciudadanos nos preguntamos cada día “hasta cuando”, conscientes de que esto no va a ser fácil de arreglar, sobre todo porque los que nos gobiernan siguen insistiendo en las políticas profundamente antisociales que desembocaron en esta crisis. O sea, que nos vamos dando cuenta de nos espera cada vez más crisis.

¿Cuando se van a dar cuenta los gobernantes de que el incremento continuo de la deuda es insostenible si no se incrementan los ingresos de empresas y familias?. Como tampoco es sostenible incrementar ingresos en las arcas públicas si las familias pierden sus ingresos y las empresas tienen que cerrar.

Pero ¿qué han hecho Zapatero y Rajoy desde que se inició la crisis? Muy fácil:  se han dedicado a proteger al sector financiero, es decir, a poner en práctica políticas destinadas a garantizar el cobro de las deudas por parte de los acreedores, principalmente bancos alemanes y franceses. Y para ello se han dirigido a los sufridos contribuyentes que hemos consentido que se socializaran las pérdidas de las instituciones financieras.

Mientras que la población está siendo atracada y estafada por la clase política dirigente, se conceden masivas ayudas a los bancos para que paguen a sus acreedores exteriores. Y para garantizar este proceso criminal Zapatero y Rajoy le imponen a los españoles recortes en el gasto público y reformas laborales y sociales que nos van a llevar a la edad de piedra.

Pero ni los recortes de salarios a los funcionarios, ni la reforma laboral, ni la reforma del sistema de pensiones, ni los recortes en Sanidad y Educación, ni las privatizaciones salvajes, ni la disminución de prestaciones a dependientes y desempleados, van a solucionar esta crisis. Porque lo que ponen de manifiesto estas medidas es que el sector financiero, alimentado y mimado por la clase política desde siempre, se ha convertido en un monstruo insaciable que detenta hoy un poder difícil de imaginar. 

Por tanto, la crisis no la van a solucionar ellos. La crisis sólo la puede arreglar la ciudadanía si de una vez por todas se dota del arrojo necesario para provocar en España un cambio en este estado de cosas, empezando por echar de sus poltronas a los políticos de los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE. Para empezar, el bipartidismo se tiene que acabar ya.

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