lunes, 12 de noviembre de 2012

Esta crisis no ha hecho más que empezar


Desde Reagan y Thacher, las políticas neoliberales han conseguido que mercados e instituciones financieras tengan un peso en la economía y en la política como nunca antes habían tenido. Bolsas y mercados, recuperados de la crisis del 2007-2008, gracias a la generosidad de los contribuyentes,  han recuperado los valores de negocio de antes de la crisis, incluso los han superado. Las transacciones financieras han crecido más que la actividad comercial y productiva de los países en todo el mundo.

Y es esta política criminal en lo económico lo que ha provocado desigualdades brutales en la distribución de la renta, con todas sus consecuencias: crisis, recesión, desempleo.
La burbuja inmobiliaria en España se ha debido a las fuertes entradas de capitales que la han financiado. Y países como Alemania,  con economías centradas en la exportación y la contención del consumo interno, son las que han puesto el dinero para alimentar la burbuja que finalmente estalló con todo su dramatismo ante la cara de gobernantes que la estuvieron negando durante años.  

Desde 1996 el modelo económico español, ideal de economía neoliberal, fue aclamado por muchos economistas como todo un éxito de modelo de crecimiento, con tasas superiores a la media europea, con un ritmo de creación de empleo significativo, con una inflación controlada y con superávits fiscales. Un paraíso, desde luego.

Pero este modelo genial escondía la batuta de quien realmente controlaba este cotarro: es decir, el capital financiero, que con una superabundancia de capitales en la esfera financiera mundial, sumada a la liberalización de bolsas y mercados y reducidos tipos de interés,  promovieron lo que más les interesaba: el acceso masivo al crédito para empresas y hogares que llevó a todo el país al sobreendeudamiento que hoy soportamos, y que acabaremos pagando muy caro. Más caro de lo que nos pensamos.

¿Tenemos la culpa los ciudadanos, auténticos analfabetos en cuestiones financieras y víctimas propicias de un sistema económico depredador?

Pero la financiarización de nuestra economía no queda ahí. En el escenario fatal hace su entrada el mismísimo Satanás, es decir, el euro, instrumento fundamental para profundizar en los rasgos de una economía neoliberal que necesita de las desigualdades sociales para beneficiar a los más privilegiados. Así, los reducidos tipos de interés en la países periféricos, la desregulación del sistema financiero y la ausencia de riesgo cambiario acabaron en la intensísima entrada de capitales en España, que impulsaron la burbuja inmobiliaria con un vigor que fue destacado por muchos economistas tanto nacionales como extranjeros, pero a los que no se les hizo ni caso. La fiesta adolecía de grandes dosis de borrachera y adiciones.

El euro, que fue diseñado para beneficiar en todo a la economía alemana, ha ampliado las diferencias entre economías comunitarias, a favor de los países nórdicos y dejando a la Europa periférica tiritando de frío y de miedo. El modélico crecimiento económico español era una cortina de humo que escondía una política perversa orquestada por el sector financiero para conseguir unas tasas de riqueza y poder criminales por definición.  Nunca tan pocos le robaron tanto a tantos.

Algunos datos de espanto: el endeudamiento de los hogares españoles ha pasado del 61 % de la renta disponible bruta en 1997, al 139 % en 2007. Y no sólo los hogares se han sobreendeudado, también lo han hecho las empresas. De hecho, buena parte de la deuda total de la economía se acumula en empresas constructoras e inmobiliarias. Y los bancos se han endeudado más que nadie, pero con el agravante de que una banca en la sombra, radicada en paraísos fiscales, oculta el verdadero alcance de sus deudas. Sin necesidad de conocer sus cifras, la realidad es que en la actualidad, la deuda total de este país alcanza, en 2012, el 400 % del PIB, cifra muy superior a la de Grecia, por ejemplo. De toda esta deuda, la mayor parte  se concentra en el sector privado: a finales del año 2008, el 37,3% estaba vinculada a sociedades no financieras, un 26,9% a las instituciones financieras, un 23% a los hogares y un 12,8% a las administraciones públicas. En 2012 la deuda de los sectores no financieros superaba el 300% del PIB.

España, por mucho que quieran sus gobernantes, y por mucho que éstos recorten y recorten sin fin, no se va a poder pagar. El nuestro es un país en quiebra. Los escenarios de Grecia los iremos viviendo en nuestra sociedad en los próximos dos años, siendo el próximo, el 2013, el que augura el futuro más negro de todos. Lo que hemos vivido los ciudadanos hasta hoy nos va a parecer un juego de niños al lado de lo que nos espera. La verdadera crisis acaba de hacer su entrada en escena.

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