martes, 26 de febrero de 2013

El PP es un partido corrupto y lo seguirá siendo siempre


Que el Popular es un Partido corrupto que ha recibido cuantiosas donaciones por parte de grandes corporaciones del país, para que aplique las políticas que sólo a ellos les beneficia, es algo que no debería extrañarnos. Lo raro es que lo haga.

La derecha necesita de una financiación tan desmesurada para convencer a los ciudadanos de que sus intereses coinciden con los de la ciudadanía, que es imposible que pueda afrontar campañas electorales costosísimas sin ese dinero extra de la financiación irregular.

Recordad que el caso Naseiro puso de manifiesto esa financiación oscura e ilegal, así como el enriquecimiento personal de los implicados. El caso estaba muy claro, pero una vez más la justicia obró en beneficio de los poderosos, y una triquiñuela legal impidió que se condenara a los acusados.

Pero la financiación ilegal existió, ha existido, existe y seguirá existiendo, por lo que digo, el PP necesita de todo el poder económico del mundo para convencer a la ciudadanía, mejor dicho, para engañarla. Y para eso tiene detrás poderosísimas fuerzas económicas y financieras.
Y es que los políticos de derechas trabajan de forma incansable para llevar a cabo políticas y normativas que favorezcan al sector más privilegiado de la sociedad, ese sector que se beneficia de subvenciones ocultas, de privilegios fiscales, de monopolios incalificables, y del rescate permanente a costa de los contribuyentes.

En definitiva, una política sustentada por la “búsqueda de rentas”, es decir, la que busca el enriquecimiento personal no a base de su contribución a los beneficios a la humanidad, sino a base de robarles a los de abajo parte de la riqueza, para su propio enriquecimiento criminal.

Porque la cosa es muy sencilla. Las grandes empresas, -esas que han estado representadas en nuestro país por personajes como Díaz Ferrán, Joan Rosell o Arturo Fernández-, destinan parte de sus inmensos beneficios (esos que consiguen, entre otras cosas, recortando salarios y despidiendo trabajadores) a donativos anónimos e ilegales a partidos como el PP, con el fin de obtener rendimientos tras las batallas electorales. Una vez en el gobierno, los responsables recompensan a estas empresas con adjudicaciones de dudosa legalidad, a cambio de un dinero que ni de lejos se corresponde con los precios reales de mercado a cambio de esos servicios. Con esto, las empresas no solo se benefician de la adjudicación, sino que además se llenan los bolsillos con dinero de los contribuyentes, para luego revertir parte de esos fondos hacia los partidos que les benefician en sus políticas.

Se trata, por tanto, de un robo en toda regla, que transfiere rentas desde abajo hacia arriba, hacia los más ricos. Añado aquí la transferencia de dinero sin precedentes, desde el bolsillo de los contribuyentes hacia los bancos, cuyas prácticas mafiosas contribuyeron, como ningún otro factor, a generar la inmensa crisis que hoy vivimos.

Es tal el descaro y la desvergüenza de los políticos que han gobernado en los últimos años, que no han dudado en justificar lo injustificable: que a los bancos no se les puede dejar caer. Mentira. Rescatando a los bancos, lo que se ha hecho es proteger los derechos y beneficios de los obligacionistas, muchas veces extranjeros, mientras que el resto de la población, es decir, la clase trabajadora, ha sufrido unas consecuencias devastadoras en forma de recortes en salarios y servicios que el Estado presta a sus ciudadanos. Cuando no hablar de los desahucios y la bochornosa tasa de paro, de la que sólo son responsables los gobernantes políticos y el poder económico que los sustenta, los cuales deberían de responder ante la sociedad por haber cometido auténticos crímenes contra la humanidad.

martes, 12 de febrero de 2013

La ciudadanía cabreada, la democracia en peligro


Los últimos escándalos de corrupción han abierto los ojos a mucha gente, pero a muchas otras personas la cosa no les ha sorprendido lo más mínimo. Que la política es terreno abonado para la corrupción se sabe puesto que la clase gobernante no atiende nunca los intereses de la ciudadanía que le otorga su confianza en las urnas, y desde las últimas elecciones generales se tiene la certeza de que se realizan promesas electorales con el único objetivo de llegar al poder, sin intención alguna de cumplir con el electorado.

Y es que las discrepancias entre lo que espera y quiere la mayoría de la gente y lo que concede la clase política, son más que evidentes. Y una cosa que nos preguntamos muchos es: ¿cómo es posible que el PP ganara las elecciones generales con mayoría absoluta? ¿Quiénes votaron al PP? ¿Están ahora de acuerdo con sus políticas, así como con la corruptela que empapa desde el más pringao del partido, hasta la cúpula del poder?

Los que votamos en las últimas elecciones, ya desencantados con la clase política, lo hicimos porque hemos sido adoctrinados para ser buenos ciudadanos que cumplen con su deber, y porque aún había confianza en que la situación diera un vuelco de 360º hasta orientarla de nuevo en el buen camino, el del contrato social, ese que otorga la confianza de la ciudadanía en su clase política y en su gobierno.

Pero el fracaso de esta confianza es hoy un hecho incontestable. Los confiados, los ingenuos, nos sentimos hoy liberados de la obligación ciudadana de ir a votar, puesto que no nos fiamos de ningún político, de ninguna institución. Esta desconfianza va en aumento y acabará de muy malas maneras. Se han socavado los cimientos de nuestra democracia, y ésta se encuentra en peligro inminente.

Llevan años induciéndonos a ir a las urnas, cuando en realidad han trabajado durante décadas para que el sistema político en su conjunto preste un servicio de calidad a la clase privilegiada. Ser político en este país ha supuesto alinearse con la clase dirigente y poderosa para sacar tajada. Ser político en España nada tiene que ver con la defensa del bien común.

Pero inducir a los votantes a ir a votar es un proceso muy caro. Cada vez más caro, dada la desilusión reinante entre la ciudadanía. De ahí que los partidos políticos necesiten ingentes cantidades de dinero para financiar las campañas electorales. De ahí que las grandes empresas, el sector financiero y las grandes fortunas, realicen sustanciosas donaciones a los partidos, esté permitido o no. Si consigues sacar una mayoría para gobernar, ya sea el Estado, ya sea una Comunidad Autónoma o un Ayuntamiento, revertirá la inversión en forma de contratos sustanciosos con la Administración. De esta manera, a los grandes empresarios de este país se les paga con creces sus servicios, se les llena los bolsillos con el dinero de los contribuyentes, que son los que en definitiva, acaban pagando a la putrefacta clase empresarial de este país, y a los políticos y partidos a los que estos indignos empresarios untan y bien para que defiendan sus intereses privados una vez en el poder.

Por tanto, no sólo hay una puerta giratoria por la que los políticos pasan de la administración al ámbito privado sin que se les caiga la cara de vergüenza, sino que también el dinero de nuestros paupérrimos bolsillos, emprende un viaje hacia Hacienda, acaba en las carteras de las grandes empresas, toma sendero hacia partidos y políticos corruptos, que a la postre, son los que se están enriqueciendo gracias a esta genuina práctica de “búsqueda de rentas”.

Y una última reflexión: ¿cómo es posible que estemos permitiendo que se subvencionen partidos políticos con dinero público para que les paguen a sus dirigentes sueldos de cerca de 200.000 euros al año?

martes, 4 de diciembre de 2012

Rescate a la banca y próximo estallido social


Indigna y con razón, ver cómo se sigue rescatando bancos con dinero de  los contribuyentes, cuando en el origen de esta crisis está un modelo económico ultraliberal, sustentado por el enorme poder del sistema financiero.

Y una propuesta que aún no ha calado entre la ciudadanía que sufre las consecuencias de las prácticas financieras, es la de luchar contra el opresor atacando donde más le duele, y que no es otra cosa que la salida voluntaria del  sistema. Hay que dejar de seguirles el juego, a los bancos y a los partidos políticos que durante décadas han gobernado defendiendo los intereses propios y de una minoría.

Pero para ello, todo el mundo debería entender que los beneficios del sector financiero nacen de la creación de deudas (créditos) y no de la creación de valor en la esfera productiva o economía real. Por tanto, son ficticios, resultado de trucos contables, así como lo son los capitales invertidos en estos sectores. Y esto se demuestra con las constantes crisis financieras que se vienen produciendo desde principios del siglo XX, y de la que el sector financiero, rescatado con dinero público, siempre sale victorioso, no tanto los ciudadanos.

La crisis actual es mucho mayor y más peligrosa que las anteriores, porque nunca como ahora se produce una migración vergonzosa del Capital hacia los sectores financieros, abandonando a su suerte a una economía real en la que no se invierte o se hace cada vez menos.  Mientras la economía productiva es estrangulada por carecer de inversiones, el exceso de liquidez caracteriza la esfera financiera, donde  ingentes cantidades de dinero se derivan a la especulación pura y dura, lo que da lugar a la subida de precios de títulos y acciones. Y más suben de precio estos títulos, más capital es atraído, los beneficios aumentan y caminamos así hacia una inevitable burbuja financiera, de dimensiones mundiales, y de consecuencias devastadoras.  El inicio de la crisis en 2007 nos va a parecer una insignificancia al lado de lo que nos espera vivir.

Mientras buena parte de las empresas se hunde en la miseria, mayor es la plusvalía en el  mundo de las finanzas. Nunca tan pocos le robaron tanto a la mayoría. Las empresas deudoras más débiles están yendo a la quiebra, no generan beneficios, no crean puestos de trabajo. Mientras tanto, las grandes empresas y el gran capital, que han invertido en actividades financieras, se hacen más poderosas mientras el mundo financiero seca el crédito a las empresas en las que no confía. Una  espiral destructiva se pone en marcha con toda su virulencia y destruye a los capitalistas más débiles, mientras que los fuertes sacan provecho: se rebajan los salarios, se incrementa la explotación de los trabajadores, y se aprovechan acaparando los medios de producción que han dejado los capitalistas quebrados.

Y cuando el sector productivo arranque otra vez se volverán a repetir las mismas políticas económicas que llevarán a la sociedad a nuevas crisis. Hemos repetido la crisis del 29, con sus nefastas consecuencias durante décadas, incluida una devastadora guerra mundial. Y volveremos a repetir la depresión actual en el futuro si los ciudadanos no le ponen freno a este estado de cosas.

Pero para eso, la población debe estar formada y preparada. Y es por esto que en países como el nuestro se pretenda preparar a la gente en la empleabilidad y no en la formación de unos ciudadanos inteligentes, cultos y críticos, dueños de su destino y combativos, capaces de defender sus intereses. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo la ciudadanía elige “democráticamente” a unos representantes que no solo no les representa, sino que encima juegan en contra de sus intereses. ¿Es que nadie se entera de esto?

Reconozcamos que los ataques al euro son una apuesta especulativa del sector financiero. Desde que los Estados empezaron a inyectar liquidez en los bancos, el dinero ha sido empleado en actividades especulativas. Estas inyecciones de dinero no han servido para solucionar la crisis, sino que ha tenido el efecto devastador del endeudamiento de los Estados, empujados por el poder a salvar el sistema bancario. Dejémonos, pues, de chuminadas, no es el gasto excesivo del Estado en servicios sociales lo que ha generado la gigantesca deuda y el déficit excesivo. Han sido los rescates a los bancos, y punto. Y mientras los Estados se endeudan para rescatarles, los especuladores prestan dinero a unos intereses desorbitados. La banca gana, la ciudadanía se empobrece.

Y en este contexto, el euro, que se gestó al amparo de los intereses de Alemania, está siendo un instrumento fiel al servicio de los especuladores. Como los países periféricos de Europa nos hemos quedado sin moneda propia, y, por lo tanto, sin política monetaria, nos vemos obligados a incrementar las tasas de productividad y la competitividad  a expensas de la explotación de los trabajadores. A España no le queda más remedio que recurrir a préstamos en los mercados financieros para rescatar su sistema bancario y para aumentar su competitividad, salvo que se plantee de una vez por todas y con valentía, la salida del euro.

Como está claro que salir del euro da vértigo y nadie se lo plantea, nos vemos abocados a años de indignación y pobreza, a situaciones como la de Grecia, con un Estado insolvente y emitiendo bonos de deuda con intereses cada vez más elevados. Y en un contexto así, que no me digan a mí que se va a salir de la crisis, porque no me lo creo. Los países periféricos, en franca depresión económica, seguirán inevitablemente en esa situación.

Y es que esta crisis va para largo. Nadie se cree ya que la recuperación comience en 2014, ni en 2015. Antes habrá un inevitable estallido social. Soy optimista. No me cabe duda de ello.

martes, 13 de noviembre de 2012

La crisis la tenemos que solucionar los ciudadanos


Del endeudamiento excesivo de los hogares y de las penurias que los ciudadanos estamos pasando, son responsables los políticos que han gobernado este país en los últimos 20 años. No en vano, la crisis no se gesta en dos días, sino que se ha venido incubando al calor de unas políticas que han beneficiado al capital financiero, vampirizando las rentas de los asalariados.

En los años de “España va bien”, se creaba empleo en los sectores inmobiliario y turístico. Empleo siempre precario, poco cualificado y de salarios bajos. A la vez, el sistema financiero experimentaba un crecimiento sin precedentes, concediendo créditos a diestro y siniestro sin preocuparse siquiera de si los préstamos iban a ser devueltos o no. ¿Y por qué actuaron de forma tan irresponsable? Porque con esos préstamos fabricaban títulos bursátiles con los que apostar en el casino financiero, en el que obtenían beneficios escandalosos, al abrigo y cobijo de los paraísos fiscales. Y esa titulización de los préstamos se la debemos a José María Aznar, quien en 1998 aprueba la correspondiente norma que lo permite.

Gracias a las políticas del PP y del PSOE los salarios se quedaban estancados mientras los activos financieros e inmobiliarios crecían y crecían. No es de extrañar, por tanto, que el modelo español de distribución de la renta sea uno de los más regresivos de Europa.

En un país europeo con cifras que le acercan al borde del tercer mundo –al comenzar la crisis,  el 60 % de los asalariados españoles tenían un salario inferior a 18.500 euros anuales- se realizan reformas laborales que precarizan aún más el empleo, abaratan el despido y deja en manos de los empresarios la posibilidad de rebajar aún más los salarios. Y todo en un país con un estancamiento literal de la inversión en la economía real, y una caída en picado de la inversión en I+D+i. Y dicen expertos cualificados que los países que hoy no invierten en investigación, desarrollo e innovación, serán los países tercermundistas de la próxima década. O sea, nosotros.

Una crisis de proporciones bíblicas ha estallado porque tenía que estallar. Estaba en la genética de las políticas neoliberales. Y ahora, los ciudadanos nos preguntamos cada día “hasta cuando”, conscientes de que esto no va a ser fácil de arreglar, sobre todo porque los que nos gobiernan siguen insistiendo en las políticas profundamente antisociales que desembocaron en esta crisis. O sea, que nos vamos dando cuenta de nos espera cada vez más crisis.

¿Cuando se van a dar cuenta los gobernantes de que el incremento continuo de la deuda es insostenible si no se incrementan los ingresos de empresas y familias?. Como tampoco es sostenible incrementar ingresos en las arcas públicas si las familias pierden sus ingresos y las empresas tienen que cerrar.

Pero ¿qué han hecho Zapatero y Rajoy desde que se inició la crisis? Muy fácil:  se han dedicado a proteger al sector financiero, es decir, a poner en práctica políticas destinadas a garantizar el cobro de las deudas por parte de los acreedores, principalmente bancos alemanes y franceses. Y para ello se han dirigido a los sufridos contribuyentes que hemos consentido que se socializaran las pérdidas de las instituciones financieras.

Mientras que la población está siendo atracada y estafada por la clase política dirigente, se conceden masivas ayudas a los bancos para que paguen a sus acreedores exteriores. Y para garantizar este proceso criminal Zapatero y Rajoy le imponen a los españoles recortes en el gasto público y reformas laborales y sociales que nos van a llevar a la edad de piedra.

Pero ni los recortes de salarios a los funcionarios, ni la reforma laboral, ni la reforma del sistema de pensiones, ni los recortes en Sanidad y Educación, ni las privatizaciones salvajes, ni la disminución de prestaciones a dependientes y desempleados, van a solucionar esta crisis. Porque lo que ponen de manifiesto estas medidas es que el sector financiero, alimentado y mimado por la clase política desde siempre, se ha convertido en un monstruo insaciable que detenta hoy un poder difícil de imaginar. 

Por tanto, la crisis no la van a solucionar ellos. La crisis sólo la puede arreglar la ciudadanía si de una vez por todas se dota del arrojo necesario para provocar en España un cambio en este estado de cosas, empezando por echar de sus poltronas a los políticos de los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE. Para empezar, el bipartidismo se tiene que acabar ya.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Esta crisis no ha hecho más que empezar


Desde Reagan y Thacher, las políticas neoliberales han conseguido que mercados e instituciones financieras tengan un peso en la economía y en la política como nunca antes habían tenido. Bolsas y mercados, recuperados de la crisis del 2007-2008, gracias a la generosidad de los contribuyentes,  han recuperado los valores de negocio de antes de la crisis, incluso los han superado. Las transacciones financieras han crecido más que la actividad comercial y productiva de los países en todo el mundo.

Y es esta política criminal en lo económico lo que ha provocado desigualdades brutales en la distribución de la renta, con todas sus consecuencias: crisis, recesión, desempleo.
La burbuja inmobiliaria en España se ha debido a las fuertes entradas de capitales que la han financiado. Y países como Alemania,  con economías centradas en la exportación y la contención del consumo interno, son las que han puesto el dinero para alimentar la burbuja que finalmente estalló con todo su dramatismo ante la cara de gobernantes que la estuvieron negando durante años.  

Desde 1996 el modelo económico español, ideal de economía neoliberal, fue aclamado por muchos economistas como todo un éxito de modelo de crecimiento, con tasas superiores a la media europea, con un ritmo de creación de empleo significativo, con una inflación controlada y con superávits fiscales. Un paraíso, desde luego.

Pero este modelo genial escondía la batuta de quien realmente controlaba este cotarro: es decir, el capital financiero, que con una superabundancia de capitales en la esfera financiera mundial, sumada a la liberalización de bolsas y mercados y reducidos tipos de interés,  promovieron lo que más les interesaba: el acceso masivo al crédito para empresas y hogares que llevó a todo el país al sobreendeudamiento que hoy soportamos, y que acabaremos pagando muy caro. Más caro de lo que nos pensamos.

¿Tenemos la culpa los ciudadanos, auténticos analfabetos en cuestiones financieras y víctimas propicias de un sistema económico depredador?

Pero la financiarización de nuestra economía no queda ahí. En el escenario fatal hace su entrada el mismísimo Satanás, es decir, el euro, instrumento fundamental para profundizar en los rasgos de una economía neoliberal que necesita de las desigualdades sociales para beneficiar a los más privilegiados. Así, los reducidos tipos de interés en la países periféricos, la desregulación del sistema financiero y la ausencia de riesgo cambiario acabaron en la intensísima entrada de capitales en España, que impulsaron la burbuja inmobiliaria con un vigor que fue destacado por muchos economistas tanto nacionales como extranjeros, pero a los que no se les hizo ni caso. La fiesta adolecía de grandes dosis de borrachera y adiciones.

El euro, que fue diseñado para beneficiar en todo a la economía alemana, ha ampliado las diferencias entre economías comunitarias, a favor de los países nórdicos y dejando a la Europa periférica tiritando de frío y de miedo. El modélico crecimiento económico español era una cortina de humo que escondía una política perversa orquestada por el sector financiero para conseguir unas tasas de riqueza y poder criminales por definición.  Nunca tan pocos le robaron tanto a tantos.

Algunos datos de espanto: el endeudamiento de los hogares españoles ha pasado del 61 % de la renta disponible bruta en 1997, al 139 % en 2007. Y no sólo los hogares se han sobreendeudado, también lo han hecho las empresas. De hecho, buena parte de la deuda total de la economía se acumula en empresas constructoras e inmobiliarias. Y los bancos se han endeudado más que nadie, pero con el agravante de que una banca en la sombra, radicada en paraísos fiscales, oculta el verdadero alcance de sus deudas. Sin necesidad de conocer sus cifras, la realidad es que en la actualidad, la deuda total de este país alcanza, en 2012, el 400 % del PIB, cifra muy superior a la de Grecia, por ejemplo. De toda esta deuda, la mayor parte  se concentra en el sector privado: a finales del año 2008, el 37,3% estaba vinculada a sociedades no financieras, un 26,9% a las instituciones financieras, un 23% a los hogares y un 12,8% a las administraciones públicas. En 2012 la deuda de los sectores no financieros superaba el 300% del PIB.

España, por mucho que quieran sus gobernantes, y por mucho que éstos recorten y recorten sin fin, no se va a poder pagar. El nuestro es un país en quiebra. Los escenarios de Grecia los iremos viviendo en nuestra sociedad en los próximos dos años, siendo el próximo, el 2013, el que augura el futuro más negro de todos. Lo que hemos vivido los ciudadanos hasta hoy nos va a parecer un juego de niños al lado de lo que nos espera. La verdadera crisis acaba de hacer su entrada en escena.

jueves, 8 de noviembre de 2012

La ciudadanía está perdiendo la confianza, y la paciencia



Una está preocupada con las imágenes de violencia ante el parlamento griego, porque ve cómo su país sigue la senda de desgracias del vecino heleno. ¡España no es Grecia! Proclaman nuestros gobernantes. ¿Pero hay alguien por ahí que todavía se crea lo que dice esta gente que no ha hecho más que mentir desde que empezó la crisis?
Los motivos de preocupación están en la prensa todos los días. Cifras terroríficas se suman a las torturas de la vida cotidiana que sufren los ciudadanos, que ven día tras día que esto no tiene solución, y que saben que las medidas de austeridad, que no llevan a ninguna parte, se seguirán aplicando caiga quien caiga, para pagar la deuda que el sistema financiero tiene con sus acreedores. ¡Con la generosidad de los contribuyentes, por supuesto!
Los presupuestos del gobierno prevén una caída del PIB del 0,5 %. No se lo creen ni ellos. Expertos auguran lo peor: el 1’5, el 1’7, incluso más del 2 %.
Bruselas sabe que la previsión de reducir el déficit al 4,5 % para 2013, no se va a cumplir. Y quedará próximo al 6 %.
Como está claro que Alemania no permitirá que a España se le otorgue la oportunidad de retraso en conseguir este objetivo, nuestro país debe irse preparando para más recortes.
Y mientras, el consumo interno se desploma. Un desplome que acabará de forma irremediable con menos ingresos a las arcas del Estado. Menos recaudación por IVA, menos por IRPF, menos impuesto de sociedades,  más desempleo. Más lágrimas para el pueblo y mayor desviación del objetivo del déficit, por supuesto.
Sin embargo los verdaderos gobernantes de la eurozona no ven que sus políticas van a llevar a la región a la depresión económica. Todo el mundo sabe que de una recesión no se puede salir con ajustes fiscales, sino con estímulos. Sin embargo ni Merckel, ni Draghi ni la Comisión Europea quieren verlo, porque se trata de políticas que hunden en la miseria a millones de europeos, pero que están generando ingentes beneficios en otros sectores. Y no sólo beneficios económicos, nunca como ahora el sistema financiero consiguió el total control de los gobiernos, nunca fue tan poderoso.
Lo que le espera a España para el 2013 acabará con estallidos sociales nunca vistos en nuestra democracia. Será un año terrible, con la troika usurpando la soberanía, como ya lo hace en Grecia o Portugal. Y la intervención del BCE no va a arreglar nada, de hecho sería la tercera vez que esta institución criminal compra deuda española en los mercados secundarios. ¿Cuál ha sido el resultado? ¿No estamos hoy mucho peor que hace un año, por ejemplo?
La banca, con una deuda privada excesiva, sigue sin resolver una crisis que está llevando al pueblo español a la ruina. Mientras tanto, el gobierno nos habla de la creación de un banco malo para  solucionar nuestros problemas. Un banco malo que dicen que será privado y que dará una rentabilidad del 15 %. Pero esto no es más que otra patraña. ¿Es que acaso los inversores internacionales van a comprar sus activos inmobiliarios o sus acciones? Que no nos hagan reír, si hasta el BBVA ya ha dicho que no tiene ningún interés en el banco malo.
A los españoles se les toma el pelo, mientras 800.000 personas han perdido sus empleos en un año, la mitad  de los  desempleados no tienen prestaciones, 500 familias son deshauciadas de sus casas todos los días, las cajas de ahorros ya no destinan beneficios a instituciones sociales, se han reducido las prestaciones del Estado, se ha triplicado el número de personas que acuden a bancos de alimentos que, por otra parte, tienen hoy menos subvenciones públicas que hace un año, se privatizan servicios públicos, se ganan elecciones con programas electorales ficticios sin ninguna intención de cumplirse, se criminaliza a los convocantes de manifestaciones y a manifestantes, se recortan derechos y se combate la conflictividad social que surge de la crisis con medidas contundentes de orden público que atentan de frente contra los depauperados ciudadanos.
Recortes en salarios, en derechos, en empleo, en prestaciones sociales, en garantías democráticas. Sin embargo, los ciudadanos siguen confiando en las instituciones. Si no, ¿cómo se explica que la gente no se haya echado literalmente a la calle para recortarles los huevos a ellos?. Políticos, banqueros, grandes fortunas, defraudadores fiscales, banca en la sombra, con fortunas incalculables en paraísos fiscales. Ese 1 % de la población que le roba recursos al 99 % cada vez más empobrecido. Y mosqueado, por cierto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Pero, ¿quién ha vivido por encima de sus posibilidades?



Los recortes del gobierno, -nos dice Rajoy y su tribu-, son inevitables y consecuencia de la mala gestión del gobierno anterior y de que los españoles hemos vivido  por encima de nuestras posibilidades.

Y  el caso es que mucha gente, que sólo utiliza la televisión y poco más, -medios de comunicación que comulgan y difunden los mensajes de gobernantes y poderes fácticos-, se está creyendo todo esto. Y cuando el gobierno habla, incluso se tranquilizan, convencidos de que las medidas tomadas son dolorosas pero necesarias.

Quiero desmantelar este argumento facilón que incide de forma directa a esa parte de nuestra mente que quiere tranquilizarse y ver las cosas de una determinada manera. Me estoy refiriendo a esa parte de nuestra psicología que está dispuesta a creer que la solución de la crisis es cercana, y por lo tanto, se traga cualquier mensaje que nos llegue en este sentido.

Vayamos por partes, ¿Quién es el que ha vivido por encima de sus posibilidades? ¿Nosotros, los trabajadores y ciudadanos? Pues para analizar este asunto, ahí van algunas consideraciones y algunos datos sobre el sistema financiero, que viene siendo rescatado desde 2007-2008, con el dinero de los contribuyentes, a los que ni siquiera se les pregunta si están dispuestos a apretarse el cinturón o perder sus privilegios  para que los bancos no se hundan:

  • ·      En 2007, el valor de de los activos financieros mundiales ascendía a 194 billones de dólares, es decir, el  343 % del PIB mundial. Cuando estalla la burbuja financiera en EEUU, se produce una caída de 16 billones de dólares en los mercados financieros, valor que equivale a las economías de EEUU y España juntas. En 2010, el valor total de los valores bursátiles se ha recuperado y es mayor a los valores anteriores a la crisis:  212 billones de dólares,  superando en más de 3 veces y media el PIB mundial. La mayor parte del crecimiento global de los mercados se debe a la subida de las bolsas y al endeudamiento de los Estados.

  • ·         La innovación tecnológica aplicada a las operaciones financieras, ha supuesto que la alta velocidad llegue a bolsas y mercados, provocando oleadas especulativas y traslado de ingentes cantidades de dinero de un país a otro, incluso de un continente a otro, en cuestión de milisegundos. Este trading de alta frecuencia mantiene en el ahogo y el agobio a los mercados de deuda soberana en euros. Pero es que esta alta velocidad en las bolsas, no sólo permite la manipulación de los mercados, sino que además hace prácticamente inviables la supervisión de las autoridades públicas, y la aplicación de impuestos a las transacciones financieras. Los gobiernos carecen de recursos y del personal especializado para seguir el ritmo de la innovación financiera.

  • ·         Las bolsas, antiguamente entidades públicas, y que fueron privatizadas en los años 80, son hoy día poderosos grupos financieros, con afán de lucro y que cotizan. Son las primeras defensoras de la  desregulación de los mercados financieros, puesto que esto les procura una ampliación sin límites del negocio. Además, se está produciendo cada vez más una fusión o integración de bolsas, lo que les permite reducir costes, escapar al control de cualquier gobierno, e incluso, influir aún más en gobiernos y autoridades internacionales.

  • ·         Con la benevolencia de los gobernantes, que hacen lo que sea para que desaparezca cualquier obstáculo a los intereses financieros, la avalancha de fusiones de bolsas camina hacia una inmensa bolsa mundial, lo que permitirá la expansión de la especulación con productos financieros, acrecentando los riesgos para las economías e incrementando el poder de las finanzas sobre los Estados democráticos.

  • ·         Pero resulta que la mayor parte de las operaciones financieras que realizan los mercados tienen lugar lejos de las bolsas reguladas. Se realizan en mercados extrabursátiles, plataformas opacas, sin ningún tipo de control, regulación, registro de las operaciones, ni información pública. Y son los mismos grandes grupos que gestionan las bolsas, los que también gestionan estos mercados OTC, mercados extrabursátiles. De ahí que se confundan con las bolsas. En estas plataformas opacas, no disponibles para los pequeños inversores,  se incrementa el negocio financiero,  manipulando las cotizaciones gracias a la innovación tecnológica.

  • ·         La alta volatilidad de las bolsas no beneficia a la economía productiva. La movilidad de grandes fondos perjudica muy seriamente a la economía real. Ni ciudadanos, ni legisladores, ni gobernantes, tienen la más mínima idea de las implicaciones de los avances tecnológicos aplicados a los mercados financieros, ni de su incidencia en la fiscalidad de los países y la movilidad del dinero sucio, y tampoco tienen ni idea de hasta dónde va a llegar la libertad de los mercados .

  • ·         Los bancos se han recuperado de la crisis, pero siguen realizando las mismas prácticas que nos condujeron a ella. En 2010, por ejemplo, los beneficios de los 1000 bancos más importantes del mundo, alcanzaron la cifra de 709 mil millones de dólares, ligeramente por debajo de los 789 mil millones de 2007, justo antes del estallido de la crisis. Es decir, los bancos, rescatados con el dinero de los contribuyentes, han crecido económicamente, mientras que los Estados se hunden cada vez más en la recesión, el endeudamiento, la austeridad  y la pobreza. La banca, que ha salido reforzada de la crisis económica, tiene ahora un mayor peso en la política, la economía, los Estados y los gobiernos.

  • ·         Desde que en los años 90, la administración Clinton eliminara legalmente las diferencias entre banca comercial tradicional y banca financiera; y desde que este modelo se copiara en Europa y en todo el mundo, la banca abandonó su papel de intermediación en la economía  y se convirtió en el gran operador de los mercados globalizados del dinero. A partir de ahí, se han inventado y comercializado una innumerable cantidad de productos financieros. Y  los bancos prefieren invertir en estos productos que en la economía real.

  • ·         Los grandes bancos, que están detrás de bolsas y mercados, han invadido la economía productiva, mediante la financiarización. Esto significa que transforman en títulos bursátiles cualquier bien o servicio, como pueden ser los ahorros de sus clientes, o los préstamos que les conceden, para luego apostar en los mercados financieros. La financiarización es la responsable de que el  precio de las materias primas como alimentos o petróleo, no dependan de la producción y la demanda, sino que está determinado por las gigantescas entidades bancarias. Los intercambios de instrumentos financieros en los mercados opacos son los que provocan el encarecimiento y la escasez de materias primas,  por razones de especulación financiera; y está detrás, por ejemplo, de la crisis alimentaria de 2008.

  • ·         Los bancos realizan arriesgadas apuestas bursátiles con sus propios fondos y los fondos de sus clientes, de manera que juegan en bolsa para su propio beneficio, pero corriendo riesgos por cuenta de sus clientes. Si hay beneficios gana la banca, y si no, los clientes pierden el dinero que han entregado al banco.

  • ·         La burbuja inmobiliaria estalla por la práctica que realizan los bancos: la titulización de los préstamos hipotecarios. Los préstamos concedidos se transforman en títulos bursátiles con los que jugar en bolsa y obtener liquidez. Pero además de dinero para seguir prestando, con la titulización consiguen transferir los riesgos y difundirlos por el sistema. Esta es la razón por la que los bancos concedían préstamos de dudoso cobro. Lo que les importaba es poder fabricar títulos a partir de esos créditos. Estos títulos son sacados de sus balances hacia sociedades instrumentales radicadas en paraísos fiscales, que luego las transfieren a compradores, normalmente otros bancos, que a su vez hacen lo mismo que los demás bancos. Así, todo el sistema financiero está contaminado y sus niveles de apalancamiento (endeudamiento) son enormes, pero está oculto a cualquier regulación o control de las autoridades públicas, como se demostró con la quiebra de Lehman Brothers.

  • ·         Por cierto, el gobierno que autorizó legalmente la titulización de hipotecas y préstamos, fue el gobierno Aznar en 1998. La titulización está detrás de la subida desorbitada del precio de la vivienda en España, y de la disparatada concesión de préstamos desde 2001. El gobierno socialista es cómplice por no detectar y cortar a tiempo el crecimiento de esta burbuja, quizás porque sabía que sería una medida tremendamente impopular en su momento.

  • ·         Con estas prácticas, lo que hacen realmente los bancos es asumir unos riesgos que luego trasladan a los que invierten sus ahorros en títulos bursátiles. Los bancos fabrican productos financieros con el pequeño ahorro y trasladan los riesgos de impagos a los ahorradores-inversores, porque si  el fracaso bancario se produce, sólo pierden los ahorradores,  y si la quiebra  es generalizada, cubren los riesgos los contribuyentes, rescatando a los bancos.

  • ·         Los bancos españoles vienen siendo rescatados de una manera encubierta, mediante los llamados mecanismos de repo,  por el BCE. Este auténtico rescate, orquestado por el Banco Central Europeo desde diciembre de 2007, se produce sin autorización de ningún gobierno y con la complicidad del Banco de España. El BCE, vía repos, ha inyectado liquidez en los bancos europeos. Sólo en diciembre de 2011, se prestó 1 billón de euros a 500 entidades europeas. Con ese dinero, los bancos, que han recibido el dinero al 1 %, lo invierten en valores bursátiles, entre ellos los bonos de deuda, obteniendo rentabilidades de más del 5 %.  Pero además, estos bonos de deuda se depositan como garantía en el BCE para obtener más liquidez. El dinero público del BCE ha sido fuente de sustanciosos negocios para la banca europea. El BCE ha contribuido a la actual preocupante situación europea, por su funcionamiento y por la presión que hizo sobre los gobiernos europeos para que rescataran y avalaran a los bancos europeos cuando se inició la crisis financiera.

  • ·         En 2008, y gracias a la especulación con las rentabilidades de las divisas (lo que se conoce como carry trade), los tres principales bancos islandeses quebraron y fueron nacionalizados. Gracias a las jugadas con divisas, estos bancos tenían deudas con otros bancos, fundamentalmente británicos y holandeses, por un valor que superaba en 6 veces el PIB de este pequeño país. El Banco Central de Islandía no pudo garantizar los depósitos de estos bancos, y todo el país se empobreció. Pero como Islandia pudo devaluar su moneda y los referéndums de 2010 y 2011 acordaron el impago de la deuda a los bancos de Reino Unido y Holanda, Islandia se encuentra en una situación con signos de recuperación económica, lo que no pasa con los países periféricos del euro.

  • ·         Las jugadas con divisas, suponían a principios de 2007, un negocio bancario de alrededor de 1 billón de dólares. Todos los bancos juegan, entre ellos el Deutsche Bank. Pero la gente debería saber que esta actividad parasitaria supone un elevado grado de apalancamiento de los especuladores, es decir, de los bancos. Si las jugadas salen mal, los contribuyentes tienen que salir al rescate de los bancos para respaldar sus arriesgadas apuestas y su elevadísimo endeudamiento.

  • ·         Para que nos hagamos una idea del nivel de endeudamiento de los bancos, en 2007, la banca de inversión estadounidense, alcanzaba una ratio de apalancamiento de 40 a 1. Lo que significa, que por 40 dólares en activos, sólo tenían 1 dólar para cubrir posibles pérdidas. ¿Quién ha vivido por encima de sus posibilidades?

  • ·         Pero, ¿cómo es posible que nadie hable y que nadie sepa del fuerte endeudamiento de los bancos? Porque la gran banca practica la opacidad; el endeudamiento está oculto en derivados y en cuentas extracontables, que los bancos centrales son incapaces de supervisar, y que suponen un riesgo sistémico para todo el sistema. Es la banca en la sombra, la que comprende las actividades de filiales, entidades instrumentales o fondos de alto riesgo, domiciliados en paraísos fiscales, creados por los grandes grupos bancarios, con el  fin de recaudar dinero emitiendo productos financieros complejos y novedosos, e incentivando la evasión de impuestos y el lavado de dinero de los negocios ilegales y de la corrupción. Las entidades domiciliadas en paraísos fiscales, han jugado un papel decisivo en el ocultamiento de la deuda excesiva de los bancos.

  • ·         Además de ocultar la realidad, muchos grandes bancos han jugado en contra no sólo de la economía real, sino incluso de sus propios clientes. Es el caso de Goldman Sachs, que fabricaba productos financieros con el dinero de sus clientes, y luego apostaba contra ellos logrando la bajada de sus cotizaciones. El banco ganaba y sus clientes perdían.

  • ·         Para llevar a cabo sus numerosas y criminales apuestas, los bancos espolean a sus operadores para que realicen operaciones de alto riesgo, pagándoles unas elevadas comisiones cada vez que se producen ganancias para el banco. Pero en muchos casos, estos operadores o traders, han sido acusados y procesados por ocasionar pérdidas a los bancos para los que trabajaban.  Quizás el caso más conocido es el de Jerôme Kerviel que fue condenado por ocasionarle a Société Général pérdidas de 4900 millones de euros. Pero en la sentencia condenatoria se reconoce que el objetivo no era el robo, sino el hacer ganar más dinero al banco y cobrar las comisiones. Es curioso que en todos estos casos ni se contempla la responsabilidad que los directivos de los bancos han tenido en el comportamiento de estos operadores.

  • ·         Si la banca tradicional es ya de por sí un negocio arriesgado, un Estado no podrá garantizar jamás los depósitos de los ahorradores y clientes si el banco se dedica a la especulación financiera. Aún así, los grandes bancos están seguros de que los Estados acudirán a su rescate si sus apuestas se desmoronan, porque a los grandes bancos no se les puede dejar caer, y esta es la razón por lo que la gran banca arriesga mucho más y corre riesgos que puede hacer que todo el sistema se desmorone, incluido el sistema económico y social de un país. Yo me pregunto qué intenciones guiaron a los responsables del partido popular en las fusiones de Caja Madrid con otros bancos para crear el megabanco Bankia.  ¿No tendrían información privilegiada y fue utilizada para generar un banco lo suficientemente grande para que no se le pudiese dejar caer?

  • ·         Todos los bancos participan en los mismos mercados financieros, tienen elevadas exposiciones con otros bancos por las prácticas de prestarse dinero unos a otros y en largas cadenas, hacen un uso fraudulento de los fondos de sus clientes, y generan nefastas consecuencias que desbordan a los propios Estados.

  • ·         La crisis mundial actual es financiera. No es culpa de los ciudadanos, ni de la deuda o el déficit público, y mucho menos de los funcionarios, ni del elevado gasto público. La crisis  fue generada por el estallido de una burbuja financiera. Y por tanto, las medidas de austeridad del dogma neoliberal que domina Europa desde Alemania, no sólo son injustas, sino inútiles. Los gobernantes que defienden estas políticas son fieles servidores de bolsas, mercados, grandes bancos, fondos de inversión, y demás ramificaciones del mismo gran negocio financiero. Hoy son ministros o presidentes. Mañana tienen su lugar dentro del sistema financiero. Gobernantes como los españoles, no vieron venir la crisis y  hoy dicen disponer de las fórmulas necesarias para sacarnos de ésta. Pero si Montoro dijo en su momento que no existía tal burbuja inmobiliaria en el país; que los que vaticinaban su estallido no tenían ni idea de Economía. ¡Tendrá él idea de lo que está haciendo!

  • ·         Todos los economistas de prestigio,  aquéllos que sí vieron la catástrofe que se acercaba, coinciden en que las medidas de austeridad son nefastas y hundirán en la miseria y sin remedio a los países rescatados. Y también suelen coincidir en que los bancos, recuperados de la crisis, -sin control ni regulación, con insuficiente supervisión, con cuentas en entidades virtuales domiciliadas en paraísos fiscales, ejecutando arriesgadas apuestas con productos financieros como los derivados (calificados por algunos economistas como armas financieras de destrucción masiva), jugando con fondos arriesgados de inversión que mueven grandes cantidades de dinero que benefician a las grandes fortunas, en detrimento de los pequeños inversores y de los ahorradores de clase media-, han vuelto a las andadas y han conseguido inflar otra burbuja que inevitablemente volverá a estallar.

·         ¿Quién acudirá al próximo rescate del hundimiento sin parangón de todo el sistema financiero global? Y sobre todo, me vuelvo a preguntar, ¿quien ha vivido y sigue viviendo por encima de sus posibilidades?