martes, 4 de diciembre de 2012

Rescate a la banca y próximo estallido social


Indigna y con razón, ver cómo se sigue rescatando bancos con dinero de  los contribuyentes, cuando en el origen de esta crisis está un modelo económico ultraliberal, sustentado por el enorme poder del sistema financiero.

Y una propuesta que aún no ha calado entre la ciudadanía que sufre las consecuencias de las prácticas financieras, es la de luchar contra el opresor atacando donde más le duele, y que no es otra cosa que la salida voluntaria del  sistema. Hay que dejar de seguirles el juego, a los bancos y a los partidos políticos que durante décadas han gobernado defendiendo los intereses propios y de una minoría.

Pero para ello, todo el mundo debería entender que los beneficios del sector financiero nacen de la creación de deudas (créditos) y no de la creación de valor en la esfera productiva o economía real. Por tanto, son ficticios, resultado de trucos contables, así como lo son los capitales invertidos en estos sectores. Y esto se demuestra con las constantes crisis financieras que se vienen produciendo desde principios del siglo XX, y de la que el sector financiero, rescatado con dinero público, siempre sale victorioso, no tanto los ciudadanos.

La crisis actual es mucho mayor y más peligrosa que las anteriores, porque nunca como ahora se produce una migración vergonzosa del Capital hacia los sectores financieros, abandonando a su suerte a una economía real en la que no se invierte o se hace cada vez menos.  Mientras la economía productiva es estrangulada por carecer de inversiones, el exceso de liquidez caracteriza la esfera financiera, donde  ingentes cantidades de dinero se derivan a la especulación pura y dura, lo que da lugar a la subida de precios de títulos y acciones. Y más suben de precio estos títulos, más capital es atraído, los beneficios aumentan y caminamos así hacia una inevitable burbuja financiera, de dimensiones mundiales, y de consecuencias devastadoras.  El inicio de la crisis en 2007 nos va a parecer una insignificancia al lado de lo que nos espera vivir.

Mientras buena parte de las empresas se hunde en la miseria, mayor es la plusvalía en el  mundo de las finanzas. Nunca tan pocos le robaron tanto a la mayoría. Las empresas deudoras más débiles están yendo a la quiebra, no generan beneficios, no crean puestos de trabajo. Mientras tanto, las grandes empresas y el gran capital, que han invertido en actividades financieras, se hacen más poderosas mientras el mundo financiero seca el crédito a las empresas en las que no confía. Una  espiral destructiva se pone en marcha con toda su virulencia y destruye a los capitalistas más débiles, mientras que los fuertes sacan provecho: se rebajan los salarios, se incrementa la explotación de los trabajadores, y se aprovechan acaparando los medios de producción que han dejado los capitalistas quebrados.

Y cuando el sector productivo arranque otra vez se volverán a repetir las mismas políticas económicas que llevarán a la sociedad a nuevas crisis. Hemos repetido la crisis del 29, con sus nefastas consecuencias durante décadas, incluida una devastadora guerra mundial. Y volveremos a repetir la depresión actual en el futuro si los ciudadanos no le ponen freno a este estado de cosas.

Pero para eso, la población debe estar formada y preparada. Y es por esto que en países como el nuestro se pretenda preparar a la gente en la empleabilidad y no en la formación de unos ciudadanos inteligentes, cultos y críticos, dueños de su destino y combativos, capaces de defender sus intereses. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo la ciudadanía elige “democráticamente” a unos representantes que no solo no les representa, sino que encima juegan en contra de sus intereses. ¿Es que nadie se entera de esto?

Reconozcamos que los ataques al euro son una apuesta especulativa del sector financiero. Desde que los Estados empezaron a inyectar liquidez en los bancos, el dinero ha sido empleado en actividades especulativas. Estas inyecciones de dinero no han servido para solucionar la crisis, sino que ha tenido el efecto devastador del endeudamiento de los Estados, empujados por el poder a salvar el sistema bancario. Dejémonos, pues, de chuminadas, no es el gasto excesivo del Estado en servicios sociales lo que ha generado la gigantesca deuda y el déficit excesivo. Han sido los rescates a los bancos, y punto. Y mientras los Estados se endeudan para rescatarles, los especuladores prestan dinero a unos intereses desorbitados. La banca gana, la ciudadanía se empobrece.

Y en este contexto, el euro, que se gestó al amparo de los intereses de Alemania, está siendo un instrumento fiel al servicio de los especuladores. Como los países periféricos de Europa nos hemos quedado sin moneda propia, y, por lo tanto, sin política monetaria, nos vemos obligados a incrementar las tasas de productividad y la competitividad  a expensas de la explotación de los trabajadores. A España no le queda más remedio que recurrir a préstamos en los mercados financieros para rescatar su sistema bancario y para aumentar su competitividad, salvo que se plantee de una vez por todas y con valentía, la salida del euro.

Como está claro que salir del euro da vértigo y nadie se lo plantea, nos vemos abocados a años de indignación y pobreza, a situaciones como la de Grecia, con un Estado insolvente y emitiendo bonos de deuda con intereses cada vez más elevados. Y en un contexto así, que no me digan a mí que se va a salir de la crisis, porque no me lo creo. Los países periféricos, en franca depresión económica, seguirán inevitablemente en esa situación.

Y es que esta crisis va para largo. Nadie se cree ya que la recuperación comience en 2014, ni en 2015. Antes habrá un inevitable estallido social. Soy optimista. No me cabe duda de ello.

martes, 13 de noviembre de 2012

La crisis la tenemos que solucionar los ciudadanos


Del endeudamiento excesivo de los hogares y de las penurias que los ciudadanos estamos pasando, son responsables los políticos que han gobernado este país en los últimos 20 años. No en vano, la crisis no se gesta en dos días, sino que se ha venido incubando al calor de unas políticas que han beneficiado al capital financiero, vampirizando las rentas de los asalariados.

En los años de “España va bien”, se creaba empleo en los sectores inmobiliario y turístico. Empleo siempre precario, poco cualificado y de salarios bajos. A la vez, el sistema financiero experimentaba un crecimiento sin precedentes, concediendo créditos a diestro y siniestro sin preocuparse siquiera de si los préstamos iban a ser devueltos o no. ¿Y por qué actuaron de forma tan irresponsable? Porque con esos préstamos fabricaban títulos bursátiles con los que apostar en el casino financiero, en el que obtenían beneficios escandalosos, al abrigo y cobijo de los paraísos fiscales. Y esa titulización de los préstamos se la debemos a José María Aznar, quien en 1998 aprueba la correspondiente norma que lo permite.

Gracias a las políticas del PP y del PSOE los salarios se quedaban estancados mientras los activos financieros e inmobiliarios crecían y crecían. No es de extrañar, por tanto, que el modelo español de distribución de la renta sea uno de los más regresivos de Europa.

En un país europeo con cifras que le acercan al borde del tercer mundo –al comenzar la crisis,  el 60 % de los asalariados españoles tenían un salario inferior a 18.500 euros anuales- se realizan reformas laborales que precarizan aún más el empleo, abaratan el despido y deja en manos de los empresarios la posibilidad de rebajar aún más los salarios. Y todo en un país con un estancamiento literal de la inversión en la economía real, y una caída en picado de la inversión en I+D+i. Y dicen expertos cualificados que los países que hoy no invierten en investigación, desarrollo e innovación, serán los países tercermundistas de la próxima década. O sea, nosotros.

Una crisis de proporciones bíblicas ha estallado porque tenía que estallar. Estaba en la genética de las políticas neoliberales. Y ahora, los ciudadanos nos preguntamos cada día “hasta cuando”, conscientes de que esto no va a ser fácil de arreglar, sobre todo porque los que nos gobiernan siguen insistiendo en las políticas profundamente antisociales que desembocaron en esta crisis. O sea, que nos vamos dando cuenta de nos espera cada vez más crisis.

¿Cuando se van a dar cuenta los gobernantes de que el incremento continuo de la deuda es insostenible si no se incrementan los ingresos de empresas y familias?. Como tampoco es sostenible incrementar ingresos en las arcas públicas si las familias pierden sus ingresos y las empresas tienen que cerrar.

Pero ¿qué han hecho Zapatero y Rajoy desde que se inició la crisis? Muy fácil:  se han dedicado a proteger al sector financiero, es decir, a poner en práctica políticas destinadas a garantizar el cobro de las deudas por parte de los acreedores, principalmente bancos alemanes y franceses. Y para ello se han dirigido a los sufridos contribuyentes que hemos consentido que se socializaran las pérdidas de las instituciones financieras.

Mientras que la población está siendo atracada y estafada por la clase política dirigente, se conceden masivas ayudas a los bancos para que paguen a sus acreedores exteriores. Y para garantizar este proceso criminal Zapatero y Rajoy le imponen a los españoles recortes en el gasto público y reformas laborales y sociales que nos van a llevar a la edad de piedra.

Pero ni los recortes de salarios a los funcionarios, ni la reforma laboral, ni la reforma del sistema de pensiones, ni los recortes en Sanidad y Educación, ni las privatizaciones salvajes, ni la disminución de prestaciones a dependientes y desempleados, van a solucionar esta crisis. Porque lo que ponen de manifiesto estas medidas es que el sector financiero, alimentado y mimado por la clase política desde siempre, se ha convertido en un monstruo insaciable que detenta hoy un poder difícil de imaginar. 

Por tanto, la crisis no la van a solucionar ellos. La crisis sólo la puede arreglar la ciudadanía si de una vez por todas se dota del arrojo necesario para provocar en España un cambio en este estado de cosas, empezando por echar de sus poltronas a los políticos de los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE. Para empezar, el bipartidismo se tiene que acabar ya.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Esta crisis no ha hecho más que empezar


Desde Reagan y Thacher, las políticas neoliberales han conseguido que mercados e instituciones financieras tengan un peso en la economía y en la política como nunca antes habían tenido. Bolsas y mercados, recuperados de la crisis del 2007-2008, gracias a la generosidad de los contribuyentes,  han recuperado los valores de negocio de antes de la crisis, incluso los han superado. Las transacciones financieras han crecido más que la actividad comercial y productiva de los países en todo el mundo.

Y es esta política criminal en lo económico lo que ha provocado desigualdades brutales en la distribución de la renta, con todas sus consecuencias: crisis, recesión, desempleo.
La burbuja inmobiliaria en España se ha debido a las fuertes entradas de capitales que la han financiado. Y países como Alemania,  con economías centradas en la exportación y la contención del consumo interno, son las que han puesto el dinero para alimentar la burbuja que finalmente estalló con todo su dramatismo ante la cara de gobernantes que la estuvieron negando durante años.  

Desde 1996 el modelo económico español, ideal de economía neoliberal, fue aclamado por muchos economistas como todo un éxito de modelo de crecimiento, con tasas superiores a la media europea, con un ritmo de creación de empleo significativo, con una inflación controlada y con superávits fiscales. Un paraíso, desde luego.

Pero este modelo genial escondía la batuta de quien realmente controlaba este cotarro: es decir, el capital financiero, que con una superabundancia de capitales en la esfera financiera mundial, sumada a la liberalización de bolsas y mercados y reducidos tipos de interés,  promovieron lo que más les interesaba: el acceso masivo al crédito para empresas y hogares que llevó a todo el país al sobreendeudamiento que hoy soportamos, y que acabaremos pagando muy caro. Más caro de lo que nos pensamos.

¿Tenemos la culpa los ciudadanos, auténticos analfabetos en cuestiones financieras y víctimas propicias de un sistema económico depredador?

Pero la financiarización de nuestra economía no queda ahí. En el escenario fatal hace su entrada el mismísimo Satanás, es decir, el euro, instrumento fundamental para profundizar en los rasgos de una economía neoliberal que necesita de las desigualdades sociales para beneficiar a los más privilegiados. Así, los reducidos tipos de interés en la países periféricos, la desregulación del sistema financiero y la ausencia de riesgo cambiario acabaron en la intensísima entrada de capitales en España, que impulsaron la burbuja inmobiliaria con un vigor que fue destacado por muchos economistas tanto nacionales como extranjeros, pero a los que no se les hizo ni caso. La fiesta adolecía de grandes dosis de borrachera y adiciones.

El euro, que fue diseñado para beneficiar en todo a la economía alemana, ha ampliado las diferencias entre economías comunitarias, a favor de los países nórdicos y dejando a la Europa periférica tiritando de frío y de miedo. El modélico crecimiento económico español era una cortina de humo que escondía una política perversa orquestada por el sector financiero para conseguir unas tasas de riqueza y poder criminales por definición.  Nunca tan pocos le robaron tanto a tantos.

Algunos datos de espanto: el endeudamiento de los hogares españoles ha pasado del 61 % de la renta disponible bruta en 1997, al 139 % en 2007. Y no sólo los hogares se han sobreendeudado, también lo han hecho las empresas. De hecho, buena parte de la deuda total de la economía se acumula en empresas constructoras e inmobiliarias. Y los bancos se han endeudado más que nadie, pero con el agravante de que una banca en la sombra, radicada en paraísos fiscales, oculta el verdadero alcance de sus deudas. Sin necesidad de conocer sus cifras, la realidad es que en la actualidad, la deuda total de este país alcanza, en 2012, el 400 % del PIB, cifra muy superior a la de Grecia, por ejemplo. De toda esta deuda, la mayor parte  se concentra en el sector privado: a finales del año 2008, el 37,3% estaba vinculada a sociedades no financieras, un 26,9% a las instituciones financieras, un 23% a los hogares y un 12,8% a las administraciones públicas. En 2012 la deuda de los sectores no financieros superaba el 300% del PIB.

España, por mucho que quieran sus gobernantes, y por mucho que éstos recorten y recorten sin fin, no se va a poder pagar. El nuestro es un país en quiebra. Los escenarios de Grecia los iremos viviendo en nuestra sociedad en los próximos dos años, siendo el próximo, el 2013, el que augura el futuro más negro de todos. Lo que hemos vivido los ciudadanos hasta hoy nos va a parecer un juego de niños al lado de lo que nos espera. La verdadera crisis acaba de hacer su entrada en escena.

jueves, 8 de noviembre de 2012

La ciudadanía está perdiendo la confianza, y la paciencia



Una está preocupada con las imágenes de violencia ante el parlamento griego, porque ve cómo su país sigue la senda de desgracias del vecino heleno. ¡España no es Grecia! Proclaman nuestros gobernantes. ¿Pero hay alguien por ahí que todavía se crea lo que dice esta gente que no ha hecho más que mentir desde que empezó la crisis?
Los motivos de preocupación están en la prensa todos los días. Cifras terroríficas se suman a las torturas de la vida cotidiana que sufren los ciudadanos, que ven día tras día que esto no tiene solución, y que saben que las medidas de austeridad, que no llevan a ninguna parte, se seguirán aplicando caiga quien caiga, para pagar la deuda que el sistema financiero tiene con sus acreedores. ¡Con la generosidad de los contribuyentes, por supuesto!
Los presupuestos del gobierno prevén una caída del PIB del 0,5 %. No se lo creen ni ellos. Expertos auguran lo peor: el 1’5, el 1’7, incluso más del 2 %.
Bruselas sabe que la previsión de reducir el déficit al 4,5 % para 2013, no se va a cumplir. Y quedará próximo al 6 %.
Como está claro que Alemania no permitirá que a España se le otorgue la oportunidad de retraso en conseguir este objetivo, nuestro país debe irse preparando para más recortes.
Y mientras, el consumo interno se desploma. Un desplome que acabará de forma irremediable con menos ingresos a las arcas del Estado. Menos recaudación por IVA, menos por IRPF, menos impuesto de sociedades,  más desempleo. Más lágrimas para el pueblo y mayor desviación del objetivo del déficit, por supuesto.
Sin embargo los verdaderos gobernantes de la eurozona no ven que sus políticas van a llevar a la región a la depresión económica. Todo el mundo sabe que de una recesión no se puede salir con ajustes fiscales, sino con estímulos. Sin embargo ni Merckel, ni Draghi ni la Comisión Europea quieren verlo, porque se trata de políticas que hunden en la miseria a millones de europeos, pero que están generando ingentes beneficios en otros sectores. Y no sólo beneficios económicos, nunca como ahora el sistema financiero consiguió el total control de los gobiernos, nunca fue tan poderoso.
Lo que le espera a España para el 2013 acabará con estallidos sociales nunca vistos en nuestra democracia. Será un año terrible, con la troika usurpando la soberanía, como ya lo hace en Grecia o Portugal. Y la intervención del BCE no va a arreglar nada, de hecho sería la tercera vez que esta institución criminal compra deuda española en los mercados secundarios. ¿Cuál ha sido el resultado? ¿No estamos hoy mucho peor que hace un año, por ejemplo?
La banca, con una deuda privada excesiva, sigue sin resolver una crisis que está llevando al pueblo español a la ruina. Mientras tanto, el gobierno nos habla de la creación de un banco malo para  solucionar nuestros problemas. Un banco malo que dicen que será privado y que dará una rentabilidad del 15 %. Pero esto no es más que otra patraña. ¿Es que acaso los inversores internacionales van a comprar sus activos inmobiliarios o sus acciones? Que no nos hagan reír, si hasta el BBVA ya ha dicho que no tiene ningún interés en el banco malo.
A los españoles se les toma el pelo, mientras 800.000 personas han perdido sus empleos en un año, la mitad  de los  desempleados no tienen prestaciones, 500 familias son deshauciadas de sus casas todos los días, las cajas de ahorros ya no destinan beneficios a instituciones sociales, se han reducido las prestaciones del Estado, se ha triplicado el número de personas que acuden a bancos de alimentos que, por otra parte, tienen hoy menos subvenciones públicas que hace un año, se privatizan servicios públicos, se ganan elecciones con programas electorales ficticios sin ninguna intención de cumplirse, se criminaliza a los convocantes de manifestaciones y a manifestantes, se recortan derechos y se combate la conflictividad social que surge de la crisis con medidas contundentes de orden público que atentan de frente contra los depauperados ciudadanos.
Recortes en salarios, en derechos, en empleo, en prestaciones sociales, en garantías democráticas. Sin embargo, los ciudadanos siguen confiando en las instituciones. Si no, ¿cómo se explica que la gente no se haya echado literalmente a la calle para recortarles los huevos a ellos?. Políticos, banqueros, grandes fortunas, defraudadores fiscales, banca en la sombra, con fortunas incalculables en paraísos fiscales. Ese 1 % de la población que le roba recursos al 99 % cada vez más empobrecido. Y mosqueado, por cierto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Pero, ¿quién ha vivido por encima de sus posibilidades?



Los recortes del gobierno, -nos dice Rajoy y su tribu-, son inevitables y consecuencia de la mala gestión del gobierno anterior y de que los españoles hemos vivido  por encima de nuestras posibilidades.

Y  el caso es que mucha gente, que sólo utiliza la televisión y poco más, -medios de comunicación que comulgan y difunden los mensajes de gobernantes y poderes fácticos-, se está creyendo todo esto. Y cuando el gobierno habla, incluso se tranquilizan, convencidos de que las medidas tomadas son dolorosas pero necesarias.

Quiero desmantelar este argumento facilón que incide de forma directa a esa parte de nuestra mente que quiere tranquilizarse y ver las cosas de una determinada manera. Me estoy refiriendo a esa parte de nuestra psicología que está dispuesta a creer que la solución de la crisis es cercana, y por lo tanto, se traga cualquier mensaje que nos llegue en este sentido.

Vayamos por partes, ¿Quién es el que ha vivido por encima de sus posibilidades? ¿Nosotros, los trabajadores y ciudadanos? Pues para analizar este asunto, ahí van algunas consideraciones y algunos datos sobre el sistema financiero, que viene siendo rescatado desde 2007-2008, con el dinero de los contribuyentes, a los que ni siquiera se les pregunta si están dispuestos a apretarse el cinturón o perder sus privilegios  para que los bancos no se hundan:

  • ·      En 2007, el valor de de los activos financieros mundiales ascendía a 194 billones de dólares, es decir, el  343 % del PIB mundial. Cuando estalla la burbuja financiera en EEUU, se produce una caída de 16 billones de dólares en los mercados financieros, valor que equivale a las economías de EEUU y España juntas. En 2010, el valor total de los valores bursátiles se ha recuperado y es mayor a los valores anteriores a la crisis:  212 billones de dólares,  superando en más de 3 veces y media el PIB mundial. La mayor parte del crecimiento global de los mercados se debe a la subida de las bolsas y al endeudamiento de los Estados.

  • ·         La innovación tecnológica aplicada a las operaciones financieras, ha supuesto que la alta velocidad llegue a bolsas y mercados, provocando oleadas especulativas y traslado de ingentes cantidades de dinero de un país a otro, incluso de un continente a otro, en cuestión de milisegundos. Este trading de alta frecuencia mantiene en el ahogo y el agobio a los mercados de deuda soberana en euros. Pero es que esta alta velocidad en las bolsas, no sólo permite la manipulación de los mercados, sino que además hace prácticamente inviables la supervisión de las autoridades públicas, y la aplicación de impuestos a las transacciones financieras. Los gobiernos carecen de recursos y del personal especializado para seguir el ritmo de la innovación financiera.

  • ·         Las bolsas, antiguamente entidades públicas, y que fueron privatizadas en los años 80, son hoy día poderosos grupos financieros, con afán de lucro y que cotizan. Son las primeras defensoras de la  desregulación de los mercados financieros, puesto que esto les procura una ampliación sin límites del negocio. Además, se está produciendo cada vez más una fusión o integración de bolsas, lo que les permite reducir costes, escapar al control de cualquier gobierno, e incluso, influir aún más en gobiernos y autoridades internacionales.

  • ·         Con la benevolencia de los gobernantes, que hacen lo que sea para que desaparezca cualquier obstáculo a los intereses financieros, la avalancha de fusiones de bolsas camina hacia una inmensa bolsa mundial, lo que permitirá la expansión de la especulación con productos financieros, acrecentando los riesgos para las economías e incrementando el poder de las finanzas sobre los Estados democráticos.

  • ·         Pero resulta que la mayor parte de las operaciones financieras que realizan los mercados tienen lugar lejos de las bolsas reguladas. Se realizan en mercados extrabursátiles, plataformas opacas, sin ningún tipo de control, regulación, registro de las operaciones, ni información pública. Y son los mismos grandes grupos que gestionan las bolsas, los que también gestionan estos mercados OTC, mercados extrabursátiles. De ahí que se confundan con las bolsas. En estas plataformas opacas, no disponibles para los pequeños inversores,  se incrementa el negocio financiero,  manipulando las cotizaciones gracias a la innovación tecnológica.

  • ·         La alta volatilidad de las bolsas no beneficia a la economía productiva. La movilidad de grandes fondos perjudica muy seriamente a la economía real. Ni ciudadanos, ni legisladores, ni gobernantes, tienen la más mínima idea de las implicaciones de los avances tecnológicos aplicados a los mercados financieros, ni de su incidencia en la fiscalidad de los países y la movilidad del dinero sucio, y tampoco tienen ni idea de hasta dónde va a llegar la libertad de los mercados .

  • ·         Los bancos se han recuperado de la crisis, pero siguen realizando las mismas prácticas que nos condujeron a ella. En 2010, por ejemplo, los beneficios de los 1000 bancos más importantes del mundo, alcanzaron la cifra de 709 mil millones de dólares, ligeramente por debajo de los 789 mil millones de 2007, justo antes del estallido de la crisis. Es decir, los bancos, rescatados con el dinero de los contribuyentes, han crecido económicamente, mientras que los Estados se hunden cada vez más en la recesión, el endeudamiento, la austeridad  y la pobreza. La banca, que ha salido reforzada de la crisis económica, tiene ahora un mayor peso en la política, la economía, los Estados y los gobiernos.

  • ·         Desde que en los años 90, la administración Clinton eliminara legalmente las diferencias entre banca comercial tradicional y banca financiera; y desde que este modelo se copiara en Europa y en todo el mundo, la banca abandonó su papel de intermediación en la economía  y se convirtió en el gran operador de los mercados globalizados del dinero. A partir de ahí, se han inventado y comercializado una innumerable cantidad de productos financieros. Y  los bancos prefieren invertir en estos productos que en la economía real.

  • ·         Los grandes bancos, que están detrás de bolsas y mercados, han invadido la economía productiva, mediante la financiarización. Esto significa que transforman en títulos bursátiles cualquier bien o servicio, como pueden ser los ahorros de sus clientes, o los préstamos que les conceden, para luego apostar en los mercados financieros. La financiarización es la responsable de que el  precio de las materias primas como alimentos o petróleo, no dependan de la producción y la demanda, sino que está determinado por las gigantescas entidades bancarias. Los intercambios de instrumentos financieros en los mercados opacos son los que provocan el encarecimiento y la escasez de materias primas,  por razones de especulación financiera; y está detrás, por ejemplo, de la crisis alimentaria de 2008.

  • ·         Los bancos realizan arriesgadas apuestas bursátiles con sus propios fondos y los fondos de sus clientes, de manera que juegan en bolsa para su propio beneficio, pero corriendo riesgos por cuenta de sus clientes. Si hay beneficios gana la banca, y si no, los clientes pierden el dinero que han entregado al banco.

  • ·         La burbuja inmobiliaria estalla por la práctica que realizan los bancos: la titulización de los préstamos hipotecarios. Los préstamos concedidos se transforman en títulos bursátiles con los que jugar en bolsa y obtener liquidez. Pero además de dinero para seguir prestando, con la titulización consiguen transferir los riesgos y difundirlos por el sistema. Esta es la razón por la que los bancos concedían préstamos de dudoso cobro. Lo que les importaba es poder fabricar títulos a partir de esos créditos. Estos títulos son sacados de sus balances hacia sociedades instrumentales radicadas en paraísos fiscales, que luego las transfieren a compradores, normalmente otros bancos, que a su vez hacen lo mismo que los demás bancos. Así, todo el sistema financiero está contaminado y sus niveles de apalancamiento (endeudamiento) son enormes, pero está oculto a cualquier regulación o control de las autoridades públicas, como se demostró con la quiebra de Lehman Brothers.

  • ·         Por cierto, el gobierno que autorizó legalmente la titulización de hipotecas y préstamos, fue el gobierno Aznar en 1998. La titulización está detrás de la subida desorbitada del precio de la vivienda en España, y de la disparatada concesión de préstamos desde 2001. El gobierno socialista es cómplice por no detectar y cortar a tiempo el crecimiento de esta burbuja, quizás porque sabía que sería una medida tremendamente impopular en su momento.

  • ·         Con estas prácticas, lo que hacen realmente los bancos es asumir unos riesgos que luego trasladan a los que invierten sus ahorros en títulos bursátiles. Los bancos fabrican productos financieros con el pequeño ahorro y trasladan los riesgos de impagos a los ahorradores-inversores, porque si  el fracaso bancario se produce, sólo pierden los ahorradores,  y si la quiebra  es generalizada, cubren los riesgos los contribuyentes, rescatando a los bancos.

  • ·         Los bancos españoles vienen siendo rescatados de una manera encubierta, mediante los llamados mecanismos de repo,  por el BCE. Este auténtico rescate, orquestado por el Banco Central Europeo desde diciembre de 2007, se produce sin autorización de ningún gobierno y con la complicidad del Banco de España. El BCE, vía repos, ha inyectado liquidez en los bancos europeos. Sólo en diciembre de 2011, se prestó 1 billón de euros a 500 entidades europeas. Con ese dinero, los bancos, que han recibido el dinero al 1 %, lo invierten en valores bursátiles, entre ellos los bonos de deuda, obteniendo rentabilidades de más del 5 %.  Pero además, estos bonos de deuda se depositan como garantía en el BCE para obtener más liquidez. El dinero público del BCE ha sido fuente de sustanciosos negocios para la banca europea. El BCE ha contribuido a la actual preocupante situación europea, por su funcionamiento y por la presión que hizo sobre los gobiernos europeos para que rescataran y avalaran a los bancos europeos cuando se inició la crisis financiera.

  • ·         En 2008, y gracias a la especulación con las rentabilidades de las divisas (lo que se conoce como carry trade), los tres principales bancos islandeses quebraron y fueron nacionalizados. Gracias a las jugadas con divisas, estos bancos tenían deudas con otros bancos, fundamentalmente británicos y holandeses, por un valor que superaba en 6 veces el PIB de este pequeño país. El Banco Central de Islandía no pudo garantizar los depósitos de estos bancos, y todo el país se empobreció. Pero como Islandia pudo devaluar su moneda y los referéndums de 2010 y 2011 acordaron el impago de la deuda a los bancos de Reino Unido y Holanda, Islandia se encuentra en una situación con signos de recuperación económica, lo que no pasa con los países periféricos del euro.

  • ·         Las jugadas con divisas, suponían a principios de 2007, un negocio bancario de alrededor de 1 billón de dólares. Todos los bancos juegan, entre ellos el Deutsche Bank. Pero la gente debería saber que esta actividad parasitaria supone un elevado grado de apalancamiento de los especuladores, es decir, de los bancos. Si las jugadas salen mal, los contribuyentes tienen que salir al rescate de los bancos para respaldar sus arriesgadas apuestas y su elevadísimo endeudamiento.

  • ·         Para que nos hagamos una idea del nivel de endeudamiento de los bancos, en 2007, la banca de inversión estadounidense, alcanzaba una ratio de apalancamiento de 40 a 1. Lo que significa, que por 40 dólares en activos, sólo tenían 1 dólar para cubrir posibles pérdidas. ¿Quién ha vivido por encima de sus posibilidades?

  • ·         Pero, ¿cómo es posible que nadie hable y que nadie sepa del fuerte endeudamiento de los bancos? Porque la gran banca practica la opacidad; el endeudamiento está oculto en derivados y en cuentas extracontables, que los bancos centrales son incapaces de supervisar, y que suponen un riesgo sistémico para todo el sistema. Es la banca en la sombra, la que comprende las actividades de filiales, entidades instrumentales o fondos de alto riesgo, domiciliados en paraísos fiscales, creados por los grandes grupos bancarios, con el  fin de recaudar dinero emitiendo productos financieros complejos y novedosos, e incentivando la evasión de impuestos y el lavado de dinero de los negocios ilegales y de la corrupción. Las entidades domiciliadas en paraísos fiscales, han jugado un papel decisivo en el ocultamiento de la deuda excesiva de los bancos.

  • ·         Además de ocultar la realidad, muchos grandes bancos han jugado en contra no sólo de la economía real, sino incluso de sus propios clientes. Es el caso de Goldman Sachs, que fabricaba productos financieros con el dinero de sus clientes, y luego apostaba contra ellos logrando la bajada de sus cotizaciones. El banco ganaba y sus clientes perdían.

  • ·         Para llevar a cabo sus numerosas y criminales apuestas, los bancos espolean a sus operadores para que realicen operaciones de alto riesgo, pagándoles unas elevadas comisiones cada vez que se producen ganancias para el banco. Pero en muchos casos, estos operadores o traders, han sido acusados y procesados por ocasionar pérdidas a los bancos para los que trabajaban.  Quizás el caso más conocido es el de Jerôme Kerviel que fue condenado por ocasionarle a Société Général pérdidas de 4900 millones de euros. Pero en la sentencia condenatoria se reconoce que el objetivo no era el robo, sino el hacer ganar más dinero al banco y cobrar las comisiones. Es curioso que en todos estos casos ni se contempla la responsabilidad que los directivos de los bancos han tenido en el comportamiento de estos operadores.

  • ·         Si la banca tradicional es ya de por sí un negocio arriesgado, un Estado no podrá garantizar jamás los depósitos de los ahorradores y clientes si el banco se dedica a la especulación financiera. Aún así, los grandes bancos están seguros de que los Estados acudirán a su rescate si sus apuestas se desmoronan, porque a los grandes bancos no se les puede dejar caer, y esta es la razón por lo que la gran banca arriesga mucho más y corre riesgos que puede hacer que todo el sistema se desmorone, incluido el sistema económico y social de un país. Yo me pregunto qué intenciones guiaron a los responsables del partido popular en las fusiones de Caja Madrid con otros bancos para crear el megabanco Bankia.  ¿No tendrían información privilegiada y fue utilizada para generar un banco lo suficientemente grande para que no se le pudiese dejar caer?

  • ·         Todos los bancos participan en los mismos mercados financieros, tienen elevadas exposiciones con otros bancos por las prácticas de prestarse dinero unos a otros y en largas cadenas, hacen un uso fraudulento de los fondos de sus clientes, y generan nefastas consecuencias que desbordan a los propios Estados.

  • ·         La crisis mundial actual es financiera. No es culpa de los ciudadanos, ni de la deuda o el déficit público, y mucho menos de los funcionarios, ni del elevado gasto público. La crisis  fue generada por el estallido de una burbuja financiera. Y por tanto, las medidas de austeridad del dogma neoliberal que domina Europa desde Alemania, no sólo son injustas, sino inútiles. Los gobernantes que defienden estas políticas son fieles servidores de bolsas, mercados, grandes bancos, fondos de inversión, y demás ramificaciones del mismo gran negocio financiero. Hoy son ministros o presidentes. Mañana tienen su lugar dentro del sistema financiero. Gobernantes como los españoles, no vieron venir la crisis y  hoy dicen disponer de las fórmulas necesarias para sacarnos de ésta. Pero si Montoro dijo en su momento que no existía tal burbuja inmobiliaria en el país; que los que vaticinaban su estallido no tenían ni idea de Economía. ¡Tendrá él idea de lo que está haciendo!

  • ·         Todos los economistas de prestigio,  aquéllos que sí vieron la catástrofe que se acercaba, coinciden en que las medidas de austeridad son nefastas y hundirán en la miseria y sin remedio a los países rescatados. Y también suelen coincidir en que los bancos, recuperados de la crisis, -sin control ni regulación, con insuficiente supervisión, con cuentas en entidades virtuales domiciliadas en paraísos fiscales, ejecutando arriesgadas apuestas con productos financieros como los derivados (calificados por algunos economistas como armas financieras de destrucción masiva), jugando con fondos arriesgados de inversión que mueven grandes cantidades de dinero que benefician a las grandes fortunas, en detrimento de los pequeños inversores y de los ahorradores de clase media-, han vuelto a las andadas y han conseguido inflar otra burbuja que inevitablemente volverá a estallar.

·         ¿Quién acudirá al próximo rescate del hundimiento sin parangón de todo el sistema financiero global? Y sobre todo, me vuelvo a preguntar, ¿quien ha vivido y sigue viviendo por encima de sus posibilidades?


Mario Draghi, el hombre de Goldman Sachs



Mario Draghi es  el economista italiano que presidió el Banco Mundial entre 1985 y el 1990. En la década de los noventa ocupó diversos cargos en el Ministerio del Tesoro italiano, donde tuvo un papel fundamental en las privatizaciones de las empresas públicas más importantes de Italia. Mientras fue Presidente del Comité de Privatizaciones, Italia fue sacudida por gravísimos escándalos de corrupción. Con los fondos procedentes de las privatizaciones, la deuda pública italiana se redujo, y el país pudo cumplir con los criterios establecidos en el Tratado de la UE para entrar en el euro.

Draghi ha formado parte del Consejo de Administración de diferentes bancos y empresas. El cargo que más nos llama la atención en la actualidad fue el que ocupó como vicepresidente del Banco Goldman Sachs, entre 2002 y 2006, periodo en el cual la  entidad estadounidense asesoró al gobierno conservador griego para ocultar la magnitud del déficit griego. Este hecho permitió la entrada de Grecia en el euro, lo que condujo sin duda a la actual crisis financiera del país heleno.

En 2005 Draghi es nombrado Gobernador del Banco de Italia, cargo que ocupó hasta 2011, cuando pasó a ser Presidente del BCE.

Por si a alguien todavía se le escapa el enorme poder de este hombre, basta recordar que una sola frase suya frenó la escalada de la prima de riesgo de la deuda española. Una sola frase que frenó el ataque de los especuladores.

Pero Draghi ni comparece para explicar por qué no hizo antes esto, ni ha dado jamás explicaciones de nada. Es más, ha realizado un rescate encubierto a entidades financieras europeas, sin que ningún gobierno europeo lo autorizase; y ha sido el artífice del Tratado que en 2013 entrará en vigor: el MEDE, Mecanismo Europeo de Estabilidad, que es un mecanismo de rescate permanente a la banca, a costa de los contribuyentes, con inmunidad total para los responsables de la institución, y que, curiosamente, es el mecanismo que Goldman Sachs intentó imponer al Congreso de EEUU sin éxito.

Pero el BCE, que tiene la capacidad de evitar la especulación con la deuda soberana en los mercados, no lo hace, porque el BCE, junto con  su Presidente, obedece a los intereses de la banca financiera. Y es por esto, que el lobby de la banca no contempla para nada el auxilio económico de las economías europeas. Ni se lo plantea. Y así lo dijo Draghi el verano pasado. Que ellos no están para resolver los apuros de los países. ¿Para qué están entonces?

Ya procura Draghi que el BCE permita el enriquecimiento de los inversores y especuladores, a base de apuestas financieras arriesgadas que si salen mal, ya vendrá el dinero de los contribuyentes a salvaguardar sus pérdidas. Draghi es consciente del daño que está haciendo a la sociedad, empobreciéndola, adelgazando las prestaciones sociales de los Estados hasta el raquitismo, hundiendo empresas, liquidando ahorros y patrimonios, incrementando el desempleo, dejando sin protección a los más vulnerables.

Pero, ¿qué le puede importar todo esto a un psicópata que ayudó a un gobierno a maquillar su contabilidad para que entrara en el euro, y ahora, tras el descubrimiento de la estafa, obliga, a través de sus gobiernos, a que el pueblo griego cargue con unas consecuencias que son imputables a sus propios actos, y de las cuales los ciudadanos griegos no tienen culpa ninguna?

Mario Draghi es un banquero que ha dejado más que demostrado con su currículum cuál es su ideología y cuáles son los intereses a los que sirve. Bajo su Presidencia, el BCE camina hacia la consolidación del poder criminal de los grandes grupos de inversión, hacia la liquidación de las prestaciones sociales que los Estados prestan a sus ciudadanos, y hacia las privatizaciones que en toda Europa pondrán servicios esenciales en manos de intereses privados que buscan el lucro.

Drahi es un criminal. El BCE es una institución criminal. Lo que está pasando es un auténtico terrorismo económico, un crimen contra la Humanidad.

El proyecto de unión en Europa, y el proyecto de su moneda única ha sido la mayor impostura que los intereses del gran Capital han impuesto a los pueblos europeos. Hay quien dice que las cosas se han hecho mal porque no se ha sabido dotar a esta moneda de las instituciones que la gobernaran. Y yo digo, que las cosas se han hecho como se han querido hacer, con toda la intención de someter al pueblo al poder de los intereses financieros. Y para cumplir con este objetivo, es indudable que no lo han podido hacer mejor.

La solución para España va a ser salir del euro


Sí que hay una solución a la crisis, es la salida de España del euro. El que no lo ve es que tiene miedo, y con razón.

El euro es un proyecto que ha permitido que el 1 % de la población privilegiada, que tiene el poder económico, dirija como marionetas a la clase política gobernante en Europa para ponerla al servicio de sus intereses, a costa del empobrecimiento y el sufrimiento de los trabajadores. Todos los esfuerzos de rescate en Europa se han dirigido a salvar este euro infame.

Estalló una crisis financiera en 2008, de la que el sistema financiero se ha recuperado a costa de la generosidad de los contribuyentes. Hay una crisis en España derivada del estallido de una burbuja inmobiliaria, que se gestó con la bajada de tipos de interés por la que el BCE optó para ayudar a Alemania a superar su crisis económica. Y hay una crisis del euro. España está atrapada en estas tres tormentas perfectas.

Hay quien dice que el euro fue mal diseñado desde el principio. Y yo creo que fue diseñado de una forma intencionada para satisfacer las aspiraciones de una ideología neoliberal que ha tenido como resultado que el 1 % de la población tenga lo que el 99 % necesita, como dice Stiglitz. La ausencia de un mecanismo de solidaridad que redistribuya la renta desde las zonas en las que se genera y acumula, hacia las que se encuentran en recesión, ha concluido con un incremento de las desigualdades que amenazan con hacer saltar todo el edificio por los aires.

Los perdedores son los trabajadores de la Unión Europea, las clases medias y las clases populares. Pero los poderosos se han enriquecido con el euro: Alemania es el único país que se ha beneficiado de la moneda única; el sistema financiero europeo es constantemente rescatado por los contribuyentes, en una política criminal del BCE, que utiliza mecanismos como los repos, para inyectar liquidez en los bancos; los bancos acreedores son rescatados de los posibles impagos, a base de unos obscenos rescates acompañados de unos memorándums que condenan a países enteros a la depresión y la pobreza, sin que en el horizonte se atisbe el más mínimo rayo de esperanza. Y ahora, se aprueba un Mecanismo de Estabilización que asegurará el rescate financiero permanente, a costa de la sangría de los ciudadanos europeos; mecanismo que el Banco de inversiones americano, Goldman Sachs, intentó colar en el Congreso de EEUU sin éxito, y que hoy, con un hombre de Goldman al frente del BCE, es aprobado en toda Europa.

Cambiar las cosas para que España y los países en crisis puedan superar esta difícil etapa que parece sin fin, sólo es posible con un cambio radical de las posturas que ha adoptado hasta ahora Alemania. Y para ello, los alemanes, -los conservadores y los no tanto-, deberían cambiar su ideología. ¡Seamos sensatos! ¿Esto va a pasar? ¿Es que no nos acordamos de a qué nos tienen acostumbrados los alemanes? Si Alemania mantiene en su propio país unos procesos de ajuste y de moderación salarial, de la que sus trabajadores ni pían (no lo hicieron cuando vieron arrasar al nazismo), ¿quién puede esperar que los poderosos, una vez más, no impongan sus políticas a los más débiles? Si ha sido así toda la vida!

Hay quien dice que Alemania tiene derechos sobre nosotros, porque son ellos los que han puesto el dinero. Pensemos un poquito, ¿es que Alemania ha puesto dinero de forma generosa y altruista? ¿A que no?. Alemania ha salido ganando porque ha sustituido su superávit comercial por deuda externa. Es decir,  ha vendido a los países de la periferia para que compraran su excedente comercial, puesto que se trata de un país con una demanda interna insuficiente. Con una demanda interna tan baja, -debido a las rebajas salariales de sus trabajadores-, Alemania tiene la obligación de exportar, entre otros, a los países de la periferia europea. Estos últimos se han visto obligados a importar y aumentar el consumo a base de demandar recursos financieros, debido a la falta de ahorro de sus economías. Ha sido Alemania la que ha aportado estos recursos financieros que han fomentado el endeudamiento de los países periféricos. Alemania se ha beneficiado de nuestra deuda.

La deuda en España, es mayoritariamente privada. La mitad de esta deuda la ostentan más de 20 de las 35 empresas, no financieras, del Ibex-35. Si añadimos la de los bancos, que ha sido parcialmente socializada con los rescates a entidades financieras, lo que tenemos es un gravísimo problema de deuda que tiene parte de su origen en las políticas económicas de Alemania y al diseño del euro.

La austeridad deprime el consumo, la inversión y el gasto público. ¿Qué hace el gobierno español? Pues intentar incrementar nuestras exportaciones. Para ello es necesaria una reforma laboral salvaje, que reduce los costes laborales, pero que condena aún más la demanda interna. Pero, por más que se rebajen los costes salariales en nuestro país, ¿cómo vamos a incrementar las exportaciones en una economía global en recesión?

Con ajustes duros en los PIGIS (Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España) y con ajustes moderados en Francia, Bélgica y Holanda, ¿en qué se va a quedar la demanda externa de estos países? Pues el gobierno de Rajoy ha presentado unos presupuestos para 2013, en donde se prevé un incremento del 6 % de nuestras exportaciones. Esta previsión ha generado auténtica hilaridad entre los expertos económicos.

El proyecto del euro, con Alemania dentro, es totalmente inviable, porque se imponen políticas de ajuste que llevan a reducir los rendimientos del sector industrial. La productividad de los países periféricos se desploma, con lo que las diferencias en la competitividad entre economías de la zona euro se acrecientan.

Pero es curioso que las élites europeas sigan sin entender por qué se está desmoronando el edificio. Las medidas que se están tomando para salvar el euro (no para salvar a ciudadanos europeos, ni mucho menos) así lo indican. Y es que los poderosos no están dispuestos a abandonar su sueño, que no es otro que el de incrementar sus beneficios aunque para ello no baste sólo con explotar a la mayoría trabajadora, sino que si es necesario hay que robarles, simplemente. Y en este contexto, no es de extrañar que todo el mundo, ricos y pobres, empiecen a pensar que estaríamos mejor fuera del euro. Los alemanes están convencidos de que el bienestar se lo debemos a ellos (los que financiaron la burbuja), y nosotros pensamos que no somos los responsables, que la deuda es odiosa, y que las políticas de austeridad acabarán con las conquistas sociales que tanto esfuerzo, cárcel, exilio y muerte han costado a los trabajadores.

La moneda única fue el sueño alemán que le permitió canalizar su superávit en la balanza por cuenta corriente, hacia los países periféricos. Por tanto, ¿permitirá Alemania que los países más débiles aumenten sus exportaciones hacia el centro de Europa? Para ello los alemanes tendrían que empezar a consumir más de lo que ahorran ¿??? Alemania tiene aversión a la inflación, terror al incremento de los costes laborales, y fobia al aumento salarial de sus trabajadores. Tanto los conservadores como los socialdemócratas, y unos u otros gobiernan, gobernaron o gobernarán el país.

Por tanto, el euro colapsará, es inevitable. Y los esfuerzos realizados hasta ahora lo único que hacen es retrasar este momento. Y cuanto más se dilate en el tiempo, mayor será la destrucción del tejido productivo de España, y mayor el número de conquistas sociales que se perderán y  no tendrán vuelta atrás.

España no puede conseguir el superávit comercial ni el superávit fiscal que le permita hacer frente a su deuda. España es insolvente. Tarde o temprano se tendrá que plantear,- por mucho que De Guindos diga lo contrario-, que este país no puede pagar la deuda. Y este es el planteamiento que debería hacerse la izquierda, puesto que la derecha ya vemos en qué se está empleando a fondo. En el momento en que España se declarara en quiebra, las dudas sobre la deuda de otros países se dispararía y el euro desaparecería porque los inversores dejarían de financiar deuda soberana de países europeos.

Y para salir del euro de la forma menos traumática posible hay que prepararse  para ello, y no enterrar la cabeza bajo tierra como hace el gobierno actual y como hizo el gobierno anterior, que por más que se lo dijeron, no tuvo el arrojo de mirar de frente al problema económico que se avecinaba con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Ni los socialistas reconocieron la crisis y la burbuja, ni los populares entienden que sus políticas no van ni a  crear empleo ni a sacarnos de la crisis, como afirman tan rotundamente. ¡Y ojo en manos de quien está la solución: del presidente más impopular de todos los tiempos, de De Guindos que negó la existencia de un boom inmobiliario, y de Montoro que dijo que la burbuja no era otra cosa que la obsesión de la oposición que no tenía ni idea de economía! Los mismos que consiguieron que el sistema no funcionase, son los que van a reconstruirlo y hacer que funcione….¡ja!

No es de extrañar por tanto que la gente se eche a la calle todos los días en este país. Unas son manifestaciones pequeñas pero incisivas, y otras más multitudinarias, aunque no se lo parezcan a los responsables del partido popular y sus gobernantes. Quiero recordarle a nuestro iletrado Presidente de gobierno,  que está comprobado que mientras que en el movimiento Occupy Wall Street  sólo se manifiestan unos pocos miles de personas, mayoritariamente jóvenes, las 2/3 partes de la población estadounidense apoya dichas protestas. Es más, a pesar de las cargas policiales que tuvieron lugar en Nueva York para desalojar a los manifestantes, se hizo una encuesta entre la policía que arrojó el resultado de que también ellos apoyaban mayoritariamente el movimiento.

Cuando una multitud inicia una protesta y rodea el Congreso, lo hace porque está más que harta y no confía en sus representantes legítimos y salidos de las urnas. Y es más que legítimo que cuando unos representantes son elegidos y no cumplen las promesas que hicieron a los votantes, la población se indigne y les pida responsabilidades, e incluso la dimisión de sus cargos. Y esto es lo que está haciendo la ciudadanía, que ha dado muestras hasta ahora de ser la única que da muestras de madurez y responsabilidad en este asunto. 

Todos aquellos diputados y diputadas, todos aquellos gobernantes, y todos aquellos políticos que se enojan y vociferan que acercarse siquiera al Congreso es un delito que no debería consentirse, son los irresponsables que realizan promesas que no van a cumplir en las campañas electorales, con el único fin de hacerse con el poder para seguir beneficiando a un sector minoritario  y privilegiado de la población a costa de la mayoría responsable que es la que está sufriendo las consecuencias de los ajustes.

¿Y por qué no sale todo el mundo a protestar? ¿Por qué nos cuesta tanto tiempo indignarnos hasta el punto de lanzarnos a las calles a dar la cara y exigir responsabilidades? Pues porque en esta democracia, que al pueblo español le costó tanto conseguir, todavía seguimos creyendo en las instituciones y en el sistema. Pero, con las actuaciones de los políticos que usurpan de forma descarada las instituciones para beneficiarse ellos y sus allegados, no es de extrañar que cada vez más gente se dé cuenta de que la democracia ha sido secuestrada por una minoría que, esa sí, es muy beligerante y que se aferrará al poder y a sus privilegios como cualquier parásito a su hospedador.

Es sólo cuestión de tiempo que toda la ciudadanía se manifieste, exija cambios en la Constitución, en el sistema electoral, en el sistema financiero, en sus relaciones con Europa, y en el sistema democrático. Y a mí no me cabe ninguna duda de que el movimiento ciudadano triunfará  y que el pueblo, al que hoy se le está tratando como si fuera idiota, dará la vuelta a la tortilla completamente y se hará de nuevo portador y depositario de la soberanía y sus instituciones.

La democracia real volverá a la gente.  La transferencia sin tapujos de riqueza desde las rentas más bajas a las más altas acabará. Y aunque todos pagarán las consecuencias, somos nosotros, las clases medias y populares las que más tenemos que ganar y menos que perder.